Miguel Sales: Superbigote, víctima colateral

Autores | DD.HH. | 19 de enero de 2026
©Fotograma de la serie

Superbigote (SB) fue durante años, la respuesta latinoamericana —más bien bolivariana— al mito de Supermán. Con su apéndice piloso y su mano de hierro, y con la invaluable ayuda de su carnal Supercilita (SC), Superbigote derrotaba siempre, de manera fulminante, a los estadounidenses y sus lacayos, los políticos de la oposición. Las tiras de dibujos animados y las cintas de vídeo dan fe de lo que escribo.

La participación de SC en las hazañas de SB era más bien simbólica. Podría decirse que ella era como un contrapunto floral que dulcificaba la violencia que SB estaba obligado a utilizar ante la contumacia de sus enemigos. Haciendo un burdo juego de palabras con el apellido de la «primera combatiente», los críticos dicen que en la serie sirve de florero, pero la afirmación es injusta. Tras un cuarto de siglo de amor y trabajo conjunto, la actuación de SB sería inexplicable sin el aporte de SC. Además, es menester tener en cuenta la igualdad de oportunidades y los techos de cristal.

Mientras Superbigote perpetraba esas proezas, su trasunto real vociferaba en los actos públicos, se disfrazaba con uniformes de campaña, marcaba unos pasillos de rumba o de salsa, blandía la espada de Bolívar y retaba al imperialismo yanqui, esa entelequia miserable que temblaba ante el desafío del titán venezolano.

Pero los fulminantes sucesos del 3 de enero determinaron una transustanciación, mediante la cual la persona se integró con el personaje y Superbigote y su trasunto real, Nicolás Maduro, se fundieron en un solo ser. Eso demostró, una vez más, que la naturaleza imita al arte.

Ahora, inexplicablemente encerrado en una jaula de kriptonita instalada en Brooklyn —sin duda por obra de la traición en sus filas o de algún conjuro maligno— Maduro-Superbigote se compara con Jesucristo, proclama su inocencia, afirma que es un prisionero de guerra y, a la vez, asegura que sigue siendo presidente de Venezuela. Al parecer, desde la caída se encuentra aquejado de delirium tremens. Resulta obvio que nadie le informa de lo que ha ocurrido en Caracas desde que los gringos lo trincaron en su guarida, en pijama y con los rulos puestos.

Para enriquecer la línea argumental del personaje, los libretistas de SB no carecían de frases originales enunciadas por el mandatario. En diversas ocasiones, Maduro se refirió al milagro bíblico de «multiplicar los penes y los peces», dijo que Bolívar había quedado «huérfano de esposa a los 17 años» y que él no había «dudado ni un milímetro de segundo» en seguir el ejemplo de Chávez.

La lista de declaraciones históricas es interminable. «Los capitalistas especulan y roban como nosotros», «las elecciones serían un autosuicidio colectivo», al tiempo que pedía a una cardióloga «revísame el corazón con el telescopio» y hablaba con un rebaño de vacas para que lo apoyaran en los comicios constituyentes.

También afirmaba con toda seriedad que sus ministros «trabajarían las 35 horas del día», que «la guerra fría empezó en 1715» o que «Portugal y Venezuela están en el mismo continente».

Esta caudalosa fuente de inspiración corría el riesgo de secarse, antes del fenómeno espiritual que aconteció la semana pasada. Ahora, fundidas las sustancias esenciales de ambos en la desdichada peripecia del trullo, Maduro-SB es como un meteoro ideológico, un nuevo ser de luz que esclarece las molleras de la cáfila gobernante de Caracas, aunque no alcance a iluminar las calles de La Habana.

Tras el desastre del sábado 3 de enero —la guerra de las tres horas que culminó como ya sabemos— los policías de Cuba y Venezuela buscan afanosamente a los «topos» que traicionaron a Maduro-SB y lo vendieron a los espías de Washington.

No tienen que indagar mucho. Bastará con examinar la lista de beneficiarios. Los hermanos Rodríguez —Delcy, nueva presidenta, y Jorge, líder del legislativo—, los ministros confirmados en cargos principales por su prudente inacción, los aguerridos generales que no movieron ni un dedo para evitar el secuestro, el jefe de los servicios secretos que pudo haber filtrado los datos acerca del paradero y los hábitos presidenciales o incluso los miembros supervivientes de su guardia pretoriana, que tal vez sueñen todavía con cobrar la propina que Estados Unidos ofrecía por su captura.

En todo caso, las noticias son terribles. Porque la caída de Maduro-SB constituye una derrota sin paliativos y, además, un golpe inconmensurable propinado al baile y la cultura latinoamericana y un revés para la lucha de liberación de los pueblos oprimidos por el imperialismo y bla, bla, bla (y más bla, bla, si fuere necesario). Quien no lo crea, que lea los discursos de Delcy y los editoriales del Granma. O que vea los vídeos de Superbigote.

Además, porque, en las circunstancias actuales, no parece probable que las aventuras y los triunfos de Superbigote y Supercilita se sigan publicando. Aunque los autores podrían lanzar un tercer o cuarto capítulo de la serie titulado, por ejemplo, «Las hazañas de SB en Brooklyn» o «SB combate en las entrañas del monstruo», no es seguro que ni siquiera el mismo beneficiario lo vaya a interpretar correctamente. Podría pensar que se trata de un cachondeo.

Ahora solo queda que los gobiernos de Cuba, Corea del Norte, Brasil, Bielorrusia y otras «democracias auténticas» impulsen una iniciativa internacional para que la UNESCO inscriba los episodios de Superbigote y Supercilita en los Anales de la Memoria del Mundo y en las listas del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. No sea que las masas, siempre tan ingratas, vayan a olvidar a su paladín.

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Publicación fuente ‘Diario de Cuba’