Víctor Lenore: Entrevista a Juan Abreu / ‘No entiendo por qué Trump no acaba de liberar a los cubanos’

Muchos lectores estarán ya familiarizados con la escritura directa, caníbal y hedonista de Juan Abreu. Esta vez publica otra entrega de sus diarios, Emanaciones 2016-2019, enemigos acérrimos de la corrección política. Cayetana Álvarez de Toledo le describe como “un hombre desnudo en una piscina hockneyiana. Así es la escritura de Abreu: libre, sensual, viril y verdadera. Como él”, celebra. Arcadi Espadi sube la apuesta y afirma que “no creo que haya demasiados ejemplos en la literatura española de una escritura tan libre”. Queda advertido quien se acerque a este libro.
¿Qué sensación ha tenido al releer las entradas de su diario 2016-2019 para su publicación?
Una especie de alegría, porque la mayoría de las veces estoy de acuerdo con el Juan Abreu que las escribió. Aunque hay momentos en que cedo al inevitable “todo no se puede decir”, y eso me causa cierta frustración. Sucede, principalmente, cuando mi vida sexual se entremezcla con la vida sexual de otros. No creo que haya en España nadie que escriba más libremente que yo. Lo que tampoco significa mucho, porque la literatura española actual es bastante fofa: prosa grupal y de negocio. Pero sigo pensando que no tengo derecho a exhibir la vida de otros, sobre todo en lo que atañe a cuestiones de sexo. Hay quien piensa que aquellos que pasan (o entran y se quedan) en la vida de un escritor, deben atenerse a las consecuencias. En teoría, estoy de acuerdo, pero una cosa es la teoría y otra la práctica.
Ha escogido para la contraportada una entrada donde fantasea con el sexo caníbal, más con ser comido por una mujer que con comérsela. ¿El sexo necesita nuevos límites?
El sexo es una actividad mayormente mental, quiero decir que el llamado “acto” es bastante limitado (casi escribo pobre) y repetitivo. Aunque delicioso, eso sí. Ahora bien, sexualmente hablando, nuestro cerebro es un mundo incomparablemente más rico, un territorio lleno de posibilidades. Esa entrada que mencionas, por cierto, está inspirada en un texto (Piazza Morgana) de Calvert Casey, uno de los más extraordinarios escritores cubanos. Para Casey (y para mí, guardando las siderales distancias) ser parte del amante (devorar o ser devorado) es la única manera de ser completamente libre, de abandonar la prisión del yo y ser en otro, alcanzar un “nosotros” que pasa por la muerte, pero que la sobrepasa. ¿Hay mejor manera de negar el orden que impone la vida animal de la especie, de rebelarse contra nuestro triste destino?
En una de las entradas, leyendo a la poeta Szymborska, explica su creencia de que la lucha fundamental es la del hombre contra el chimpancé, que se puede traducir también en la de España contra sus tribus. ¿Quién va ganando esa lucha en nuestra época?
Van ganando las tribus, es evidente. Basta con decir que en España, quien gobierna actualmente son las tribus catalana y vasca. Gracias a la traición del supuesto representante de todos los españoles, Pedro Sánchez, que se ha vendido a estas tribus para permanecer en el Poder. Las naciones que no castigan a sus traidores, están condenadas a la ruina. Pero volvamos a la gran poeta Szymborska, que es más agradable. En el poema al que me refiero, varios legionarios romanos se lamentan de que tras cada colina aparece una nueva tribu a la que hay que derrotar en nombre de la civilización. Los soldados romanos son la civilización, naturalmente. Leo ese poema con frecuencia porque describe de la manera más hermosa y certera la eterna (por lo que parece) batalla de la civilización contra las tribus, que encarnan el atraso, lo primitivo, la grosería pueblerina y el cáncer nacionalista.
Arcadi Espada elogia, sobre todo, la libertad de su escritura, pero este es un concepto problemático y polisémico. ¿Qué significa para usted?
Problemático sí, ¿polisémico?, no sé. En mi caso es algo muy claro: el objetivo es escribir sin tener nada ni a nadie en cuenta. Todo lo que no sea escritura, es secundario. Ya sé que esto es prácticamente imposible. Pero hay que intentarlo. Porque no existe otro territorio donde se pueda alcanzar una libertad (en el sentido de “ser solo” y de “no haber venido aquí a respetar”) comparable a la que podemos alcanzar escribiendo. Lo que quiero expresar lo dice mucho mejor Imre Kertész: “Sólo poseo una identidad, la identidad de escribir. Soy una identidad que se escribe a sí misma”.
¿Hubo alguna entrada especialmente complicada de escribir? ¿Por qué?
No. Mi cerebro siempre está escribiendo, existe escribiendo. Cuando me siento ante el ordenador ya ha escrito lo que voy a escribir. O al menos tengo el tono, que es lo más importante. Tal vez sea yo el tono. En verdad lo que más disfruto del acto de escribir es cómo lo que va apareciendo en la pantalla o en el papel va transformándose, va descubriendo su propósito, su tono, su certeza y su claridad. Es un proceso fascinante.
¿Diría que progresamos? ¿Estamos mejor o peor que en aquella época?
No. El presente es siempre la mejor época, por la simple razón de que aún estamos vivos.
¿Cuáles son sus libros de diarios preferidos? ¿Qué es lo que aprecia de ellos?
Léautaud, su Diario literario, que fue un enorme descubrimiento para mí. El Diario de Gombrowicz, como es natural. Y últimamente, los Diarios de posguerra en Madrid de Cansinos Assens, extraordinarios. Y siempre el Diario de campaña de José Martí, que ha tenido una enorme influencia en mi escritura.
Parece que vivimos los últimos días del castrismo, el régimen del que usted tuvo que huir buscando la libertad. ¿Cómo valora la situación?
Soy pesimista. Aunque últimamente han sucedido cosas que no pensábamos que pudieran suceder: la captura de Maduro, por ejemplo. Fue algo maravilloso. Lo mejor sería que los cubanos se echaran a las calles contra la dictadura y los norteamericanos desplegaran algunos portaaviones en el horizonte, y dejaran claro a los Castro que no permitirán matanzas como las que han permitido en Irán. Pero, la historia demuestra que no se puede confiar en los norteamericanos. Recordemos Playa Girón, aunque Trump no es el cobarde y despreciable Kennedy. Como se sabe, los Castro viven en una zona localizada, ocupan las casas donde vivían los ricos en la isla, no debe ser muy complicado, militarmente hablando, bombardear esa área o que los Navy Seals hagan algo parecido a lo que hicieron en Venezuela y lleven a Raúl a Nueva York y lo metan en la cárcel (o en un asilo, esto último sería muy divertido). No entiendo por qué Trump no acaba de liberar a los cubanos y a la Humanidad de la infección castrista. Más que algo político, se trataría de un asunto higiénico. Si yo tuviera algo que decir al respecto, aconsejaría bombardear hasta que no quede uno vivo. Ni un Castro, quiero decir.
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Publicación fuente ‘Voz Pópuli’
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