Yusimí Rodríguez López: Entrevista a Alejandro Martínez / Recuperar la calidad de la educación en Cuba requiere eliminar los ‘filtros ideológicos’

DD.HH. | 1 de mayo de 2026
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Recuperar la calidad de la educación en Cuba «es una prioridad», pero «sin la presión o sin las condiciones del régimen», considera Alejandro Martínez Marrero, un «pedagogo empedernido» que cuenta con 20 años de experiencia en docencia, dirección educativa, coordinación académica e investigación en la Isla, Ecuador y España.

«La educación en Cuba no puede seguir siendo un espacio donde el conocimiento se subordina a filtros ideológicos antes que a criterios pedagógicos, científicos, formativos», añade Martínez Marrero, licenciado en Educación Primaria y máster en Educación por la Universidad de Ciencias Pedagógicas Juan Marinello, de Matanzas, quien actualmente se desempeña como director académico de Fénix Business School y cursa el Doctorado en Educación en la Universidad Autónoma de Madrid.

Esta entrevista es parte de una colaboración de DIARIO DE CUBA con el proyecto «Cuba: reconstruir y reinventar», del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo 21, destinado a pensar desde diferentes ámbitos cómo restaurar un país arruinado económica y socialmente, y hacerlo entrar en el siglo XXI.

Martínez Marrero habla sobre las transformaciones que requiere y los desafíos que tiene ante sí el sector educativo, fundamental para el desarrollo de cualquier país y que en Cuba ha quedado particularmente rezagado.

¿Cuáles cree son los desafíos y prioridades inmediatas que tiene que enfrentar el país en su profesión y/o área de especialidad?

Hay un desafío que para mí es el principal y que tiene Cuba, desgraciadamente, hace 67 años, y es la excesiva centralización del sistema educativo. Hay un modelo educativo fuertemente condicionado al poder político.

Este poder determina los contenidos, los enfoques, los márgenes de actuación, desde la primera infancia hasta la universidad. Eso, indiscutiblemente, limita la capacidad de la escuela para evolucionar al ritmo que hoy el mundo necesita, y responder a verdaderas necesidades formativas de las generaciones actuales.

Lo puedo afirmar desde una experiencia directa e inclusive comparada. Trabajé 12 años en el sistema educativo cubano. Fui maestro en primaria y en nivel preuniversitario de formación de maestros; fui directivo en escuelas primarias en Cuba, en escuelas preuniversitarias de formación de maestros, y luego me fui a Ecuador, donde seguí vinculado al sistema educativo.

Esta trayectoria me permite sostener lo que estoy diciendo: El problema de Cuba no es solo pedagógico, ni didáctico. Hay un problema estructural. La escuela cubana en general necesita abrirse al mundo a nuevas metodologías activas, a comprender mejor el aprendizaje contemporáneo. Pero esto está condicionado a lo que el régimen determina.

No es que la educación cubana no se haya abierto al mundo, sino que se abre de la manera en que quiere el régimen, y esto es un desafío constante. No creo que el sistema educativo esté mal diseñado desde sus fundamentos pedagógicos. Podemos buscar e investigar. Históricamente tuvo fortaleza. El problema es que hoy está atado a una lógica de control que impide enseñar en correspondencia con una realidad global.

De hecho, creo que van por un tercer perfeccionamiento educativo en Cuba, donde han ido cambiando libros de texto que hacía 40 o 50 años no se cambiaban. Es como ir poniendo parches en lugar de hacer una transformación profunda, que no pueden hacer, porque no tienen todas las herramientas necesarias.

El mismo régimen frena también estas cuestiones. Esto es grave porque Cuba tiene talento, tiene estudiantes con capacidades y docentes con mucho potencial. Yo tuve maestros que hoy todavía enseñan y tengo 40 años. En esas personas hay que apoyarse.

Pero también hay que transformar mentalidades, y es muy difícil. Se van a pagar caro las consecuencias de lo que se está dejando de hacer en Educación. Es una pena, porque muchos cubanos que somos hoy parte de la diáspora somos ejemplo de que tuvimos una buena formación.

Sobre las prioridades inmediatas, creo que la primera es recuperar la calidad educativa. El profesorado en Cuba está muy desmotivado, las familias viven en una presión enorme.

El sistema cubano ya no garantiza la educación con la misma solidez de antes. La formación de las nuevas generaciones no es lo robusta que era antes. Entonces, recuperar la calidad es una prioridad. Pero la calidad sin la presión o sin las condiciones del régimen. Esto es muy complicado. La educación cubana hoy no se puede analizar al margen de la crisis económica y social.

Los estudiantes en cualquier enseñanza están creciendo en un contexto de apagones, alimentación insuficiente, precariedad material, fractura familiar. Se fue el tío, se fue el primo, el hermano, incluso el papá, a mejorar para ayudarlos a ellos desde lo económico. Esa desestructuración familiar impacta en las emociones, en el rendimiento escolar y la estabilidad psicológica; está influyendo en la manera de aprender.

No se puede exigir excelencia académica desconectándose de esa realidad. Entonces, una prioridad urgente es que la política educativa no funcione de espaldas al contexto real del país. Eso es una cuestión importante.

No basta con mantener un relato oficial que diga que el sistema sigue avanzando, que continúa siendo ejemplo mundial, cuando mi valoración es que eso respondía a otra etapa histórica. Actualmente la realidad es distinta.

Por tanto, otra gran prioridad es la modernización tecnológica de la educación cubana. La pandemia dejó una lección muy clara. Los sistemas educativos que reaccionaron transformando la pedagogía con la tecnología y la capacitación —o sea, capacitando a los docentes en cambiar libros o en integrar los libros digitales y las actividades interactivas en la educación— han ido en avance total.

En Ecuador, durante la pandemia, yo trabajaba en una editorial educativa y esto es otro elemento. En otros países hay editoriales, que cumplen con los estándares de los ministerios de educación, a las que las escuelas compran los libros de textos. En Cuba esto no se puede hacer.

Hay instituciones que van por una editorial que profundiza más en el desarrollo de competencias, otras (por una que profundiza) en el desarrollo del talento, otras (por una que se centra) en la tecnología, pero cumpliendo con estándares de la educación global. Cuba no abre esto. El régimen cubano no lo permite.

El proceso de modernizar la tecnología en el sistema educativo de Cuba es muy lento por el acceso limitado a internet y por la falta de también de una política abierta, porque además no conviene.

¿Qué marcos legales o regulatorios que afectan su área profesional habría que crear o eliminar de inmediato?

Cuba tiene que revisar con urgencia esa rigidez centralizada del sistema y tener una apertura a la autonomía; o sea, a la autonomía pedagógica, a la libertad académica, a la capacidad de innovar en los centros, con proyectos educativos de colaboración internacional.

Todo esto creo que está muy centralizado por el régimen. Hay que avanzar en un marco legal, que permita una pluralidad pedagógica; una actualización del currículo, pero real, con una mayor conexión a estándares educativos internacionales, evidentemente.

La educación en Cuba no puede seguir siendo un espacio donde el conocimiento se subordina a filtros ideológicos antes que a criterios pedagógicos, científicos, formativos con vigencia internacional.

Sería importante también crear normas que favorezcan la educación digital, la integración, sobre una base crítica, de la inteligencia artificial, porque estas áreas tienen que incorporarse desde la formación inicial y continua, desde el profesorado.

Un cambio clave sería entonces habilitar colaboraciones auténticas con instituciones internacionales, universidades, editoriales educativas, plataformas educativas, con organismos especializados, con países donde existen lineamientos que posibilitan el crecimiento educativo, pedagógico.

Creo que habría que eliminar, quitar, tachar, suprimir de inmediato la cultura institucional que bloquea la apertura a la autonomía y la innovación.

Han existido los fórums de ciencia y técnica, ha existido en Cuba la ANIR (Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores), con poco han hecho mucho los maestros. Pero hay que crear una base orientada a la libertad académica, a potenciar el talento, a modernizar el currículo, la transformación digital.

¿Qué nuevas tecnologías podrían permitir a Cuba «saltar etapas» y acelerar la recuperación y desarrollo en su sector?

Creo que lo primero es potenciar la inteligencia artificial aplicada a la educación para sumar plataformas de aprendizaje virtuales, libros digitales interactivos, repositorios educativos; digitalizar contenidos, procesos escolares.

Esto permitiría actualizar los materiales y compensar también parte de las limitaciones estructurales del sistema. Pero el punto aquí no es solo técnico. El mundo avanza muy rápido y la educación no puede pensarse al margen de la innovación. La inteligencia artificial está entrando en cada rincón del aprendizaje, del conocimiento, y por supuesto del mercado laboral.

Los estudiantes se están formando para integrarse luego a un mercado laboral que está incorporando la inteligencia artificial en su capital humano. Ese proceso en Cuba es muy lento, también por el acceso limitado que hay al internet, por las restricciones del propio sistema, del régimen.

Y ese es principalmente, y lo sabemos todos, el principal freno. Mientras el mundo avanza a una velocidad enorme, Cuba y su sistema educativo siguen entrando tarde a debates que hoy son centrales, como la inteligencia artificial, la educación híbrida, la formación digital para el empleo en el futuro.

Creo que, para que estas tecnologías puedan saltar etapas, en Cuba se necesita una directriz nacional en relación con la transformación digital educativa. Esto implica mejor conectividad, garantizar un acceso estable al internet, capacitar a los docentes de generaciones anteriores, sobre todo, y de generaciones actuales también. Sin esa apertura, la tecnología no transforma; maquilla el rezago que tiene Cuba en ese sentido. 

Hay una cuestión, desde mi punto de vista, que no se puede pasar por alto, y es cómo el propio sistema ha frenado durante años parte del acceso al conocimiento y al desarrollo intelectual.

Mientras esa lógica siga igual, cualquier avance tecnológico va a ser pobre, limitado. La clave está en integrar la tecnología sin desligarla de la pedagogía, de sus bases, sus categorías, de la didáctica, de las bases del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Este pedagogo empedernido que soy, este maestro que desde niño les daba clase a los amiguitos del barrio y todavía sigue formando, siempre ha defendido la educación cubana, porque se formó con maestros extraordinarios y comprometidos, capaces de hacer mucho con muy poquito.

Precisamente por ese respeto y esa tradición, digo que el principal problema es que el régimen está frenando la apertura, la actualización, la modernización que las nuevas generaciones necesitan.

Cuba hoy, desde el ámbito educativo, no necesita destruir su base; necesita liberarla y abrirla al mundo, a la tecnología, al talento, a la cooperación.

Muchos en la diáspora, y puedo hablar por muchos de mis compañeros, están en total disposición de hacer por ese sistema educativo cubano. Espero que podamos hacer muy pronto y recuperar lo que se ha perdido.

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Publicación fuente ‘Diario de Cuba’