Camila Acosta: ‘Son malvados’: el desgarrador testimonio de la esposa del preso político Yosvany García

La vida de la familia de Yosvany Rosell García Caso se detuvo el día de su arresto, a solo cuatro días de las protestas del 11 de julio de 2021 (11J) en la provincia de Holguín. Para las esposas, madres e hijos de quienes se atrevieron a alzar su voz en contra de la dictadura, el día a día se ha vuelto angustiante: entre el miedo a las represalias y la impotencia ante la indefensión de sus seres queridos y la absoluta impunidad de los carceleros.
La agonía de Mailín Rodríguez Sánchez y sus tres hijos se ha extendido por casi cinco años de encierro de García Caso. Han sido años de asedio constante de la Seguridad del Estado, de llamadas telefónicas que nunca llegan, de visitas truncadas y de desgaste físico y emocional al tener que recorrer kilómetros para entregar una jaba de alimentos que le mitigue el hambre tras las rejas.
Antes del arresto, ella era ama de casa, mientras su esposo trabajaba como herrero, soldador y albañil para llevar el plato a la mesa y sostener a la familia.
“Ha sido un proceso muy duro. Él siempre fue mi mano derecha, el sustento de la casa. Llevamos 20 años de matrimonio y tenemos tres hijos, quienes han tenido que crecer lejos de él. He tenido que asumir todo yo sola, además de ayudarlo a él”, dice con tristeza.
Al principio, la esposa confiesa que no asimilaba la magnitud de lo que estaba pasando, se negaba a aceptarlo. Sin embargo, el golpe más demoledor llegó con la petición fiscal: 30 años de privación de libertad por el supuesto delito de “sedición”.
“Estuve siete días en cama, deprimida. A mis hijos tuve que llevarlos al psicólogo, se atrasaron en la escuela. Solo recordarlo me duele, es como volver a vivirlo”, afirma sin poder contener las lágrimas.
Pese al drama familiar, Mailín encontró las fuerzas necesarias para sostenerse en pie y luchar por los suyos: “Para mis hijos ha sido muy difícil, nuestra hija cumplió 15 años sin poder abrazar a su padre en un momento tan especial. Me duele mucho recordar tantos momentos tristes”.
La cárcel
Yosvany Rosell García Caso fue finalmente sancionado a 15 años de privación de libertad. Actualmente, lo mantienen recluido en la prisión de máximo rigor de Cuba Sí, en Holguín.
“Es muy difícil la vida en la cárcel: la comida es escasa y el agua no es potable, sale con partículas verdes. A mi esposo le niegan asistencia médica y el acceso a sus medicamentos para la hipertensión. Le han negado también la licencia extrapenal y el recurso de súplica familiar para excarcelarlo. Hemos tocado todas las puertas, tribunales, fiscalía… y nada se resuelve porque ninguna institución responde al pueblo”, explica la esposa.
Como protesta por las constantes violaciones a sus derechos humanos, el joven de 38 años de edad ha desarrollado unas ocho huelgas de hambre, llegando al límite del fallo renal. La última de ellas, realizada entre octubre y noviembre de 2025, se extendió por 40 agónicos días de inanición que casi le cuestan la vida.
“Fue una experiencia terrible, agobiante, pensé que moriría a la par de él; tenía la piel pegada a los huesos y tuvo muchas complicaciones médicas”, relata Mailín. En cada uno de esos agónicos días, ella ha sido su voz en el exterior, resistiendo el asedio hospitalario, la falta de información y la incertidumbre.
Aunque actualmente Yosvany se encuentra “estable, aparentemente”, la familia desconoce si arrastra secuelas permanentes, ya que el Departamento de Cárceles y Prisiones del Ministerio del Interior (MININT) se ha negado a facilitarles el expediente médico.
“Él está bien, triste por un lado, pero por el otro con muchas esperanzas de que todo este sufrimiento termine pronto, de que algo pase. La familia también está muy pendiente de todo lo que se está viviendo y con esperanzas de que la libertad llegue pronto”, afirma.
Sin embargo, la sombra del temor no se disipa: “Vivo con la constante preocupación de que le hagan algo en la prisión, de que le suceda algo malo”.
Supervivencia diaria
Aunque Mailín recibe ayuda solidaria de familiares y amigos, sostener a tres hijos y llenar un saco de comida para llevar a prisión mensualmente —en un país con inflación asfixiante y escasez de todo tipo— es una tarea titánica.
“Sobrevivo como cualquier cubano, inventando día a día, vendiendo alguna cosa, desvistiendo un santo para vestir a otro”, dice al describir las vicisitudes cotidianas mientras muestra las paredes a medio terminar de una vivienda cuya construcción, al igual que sus vidas, quedó truncada por el encarcelamiento.
Además, como la mayoría de los cubanos, pasa largas horas de apagón, lo que la obliga a cocinar con leña o carbón, sumado a extensos períodos sin servicio de agua potable: “Hace treinta días que no entra agua, gracias a un vecino que tiene un pozo podemos ir llenando un tanque para tener algo de agua”.
“Son malvados”
Si sobrevivir el día a día y tener al pilar de la casa en prisión ya es complejo, Mailín debe lidiar además con el acoso directo de un aparato represivo diseñado para desgastar a quienes no se callan.
“Vigilan mi vivienda, me han interrogado, me han dejado a la espera largas horas, me han puesto las visitas a mi esposo de noche… Todo eso para desgastarme, como forma de tortura psicológica. Son malvados”, denuncia firmemente.
Ante tantas presiones y humillaciones acumuladas, su cuerpo ha resentido el golpe. En una ocasión terminó hospitalizada con cifras de presión arterial peligrosamente altas. “También he tenido momentos de tanto estrés que me salen erupciones por toda la cara”, explica.
Pese al hostigamiento implacable, Mailín Rodríguez Sánchez se mantiene firme en sus denuncias. Hoy, su reclamo se ha extendido: ya no solo pide la libertad de su esposo, sino la de una nación entera.
“El pueblo cubano está sufriendo, estamos sufriendo muchas adversidades y carencias. Nuestros presos políticos necesitan libertad, pero el pueblo entero necesita libertad. Quisiera que más personas se unieran para que se lograra una Cuba libre”.
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Publicación fuente ‘Cubanet’
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