“Mi vida en prisión está lejos de ser perfecta. Cada día es un ejercicio de monotonía: el mismo sonido para levantarme por la mañana, los mismos recuentos y cámaras de vigilancia, los mismos canales de televisión, las mismas pocas comidas”.
Con este fragmento testimonial del artista Luis Manuel Otero Alcántara*, actualmente preso político, la Galería Metropolitana y la Coordinación General de Difusión de la Universidad Autónoma Metropolitana introducen una muestra colectiva que reúne a lxs creadores Anyelo Troya, Camila Lobón, Carlos Martiel, Celia Irina González, Coco Fusco, Fabiola Rayas Chávez, Hamlet Lavastida, Katherine Bisquet, Nonardo Perea, Raychel Carrión y Sandra Ceballos. Sus prácticas artísticas, colaborativas y críticas dialogan con la obra de Otero Alcántara desde una zona de interpelación común frente a los dispositivos de silenciamiento político. La participación además de académicos, activistas y periodistas permitirá poner en discusión la violación de los derechos humanos en el ámbito social y el campo cultural, la recuperación del espacio público como ágora del disenso y la gestión del arte en tanto territorio emancipatorio.
A partir de distintos procesos creativos, la exposición reflexiona sobre el confinamiento como una arbitrariedad gubernamental que no sólo se reduce a la condición física del ser humano, sino que también incide en su libertad de pensamiento, léase cívica, sociopolítica y simbólica. Pese a esto, Otero Alcántara no ha dejado de creer en el arte como un lugar de resiliencia vital:
“Lo más importante es que me permiten pintar. Es lo que me ha mantenido con vida. Creo que el Estado sabe que si no pudiera hacer arte, moriría, y por eso los guardias me dejan hacerlo, para que no me convierta en un mártir. Paso horas y horas al día pintando sobre cartones, en el suelo, en las paredes. Pinto mi desesperación, mi aislamiento, mi frustración. Mis pinturas son como un almanaque: una guía de cada día que he pasado encerrado. (…) En mis momentos más sombríos o inciertos, intento recordar que mi sobrevivencia y mi trabajo continuo como artista son símbolos de esperanza y sacrificio para otros. Pienso en eso como si estuviera canjeando mi tiempo, como si cada día que paso en la cárcel no fuera un día perdido, sino un día más intentando que mi país sea más libre y justo. Como otra de mis performances, pero una que debería haber terminado hace mucho tiempo”.
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[*] “Soy uno de los presos políticos de Cuba. ¿Cuándo seré libre?”, publicado por Luis Manuel Otero Alcántara en The New York Times [24/04/2026].
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Yissel Arce Padrón: Estados de confinamiento. El arte relacional de Luis Manuel Otero Alcántara
Luis Manuel Otero Alcántara ha sido reconocido como artista, activista y figura central del Movimiento San Isidro en Cuba; Amnistía Internacional lo declaró preso de conciencia en 2021 y diversas organizaciones han denunciado su encarcelamiento como parte de una política represiva contra la libertad de expresión en el campo creativo insular.
La exposición Estados de confinamiento. El arte relacional de Luis Manuel Otero Alcántara propone una reflexión sobre las formas en que la censura, el encierro y la vigilancia configuran no solo una condición física de privación, sino también un régimen de control sobre la imaginación política, la producción simbólica y el derecho al disenso en el espacio público. A partir del trabajo del artista cubano, actualmente preso político, y del encuentro relacional con las propuestas creativas de otrxs exponentes, la muestra sitúa el confinamiento como una experiencia límite desde la cual se revelan las disputas entre creación artística y control político.
En las prácticas visuales y performativas de Luis Manuel Otero Alcántara, el cuerpo no opera como simple medio expresivo ni como soporte para presentar la represión de manera distante; más bien, emerge como una superficie de inscripción política. Su corporalidad funge como archivo vivo de la violencia estatal y como cuerpo-territorio donde se condensan las tensiones entre ciudadanía, silenciamiento y ejercicio autoritario del poder. En este sentido, la cárcel, las regulaciones y los dispositivos de vigilancia no constituyen únicamente motivos temáticos de su obra, sino condiciones materiales que atraviesan su producción artística. Sus performances desplazan el régimen tradicional de la mirada -centrada en el objeto, la apreciación y la autonomía formal- hacia una corporalidad situada y expuesta a las lógicas de control, la detención, el ordenamiento escópico y el castigo.
Su obra tendría que leerse, por tanto, no sólo desde la categoría de performance, sino desde coordenadas analíticas más complejas: la del arte como práctica de presencia, corporalidades en condición de riesgo y producción de comunidad en contextos autoritarios. Desde los planteamientos de Nicolas Bourriaud, la estética relacional concibe a la obra como un intersticio social, entendida como un espacio de intercambio, encuentro y producción de vínculos. En las prácticas de Otero Alcántara, esa dimensión relacional se radicaliza y sus acciones producen encuentros allí donde el totalitarismo intenta imponer aislamiento; generan presencia colectiva allí donde se busca administrar la invisibilidad. Así, el arte relacional se desplaza hacia una forma de intervención crítica capaz de convertir la vulnerabilidad corporal en potencia común.
De este modo, el título de la exposición permite pensar el confinamiento en plural. No se trata sólo de la cárcel como espacio material de reclusión, sino de una serie de clausuras que afectan la libertad cívica, la participación colectiva, la circulación de las imágenes y la posibilidad misma de disentir. La prisión aparece entonces como la expresión extrema de un sistema de disciplinamiento cultural, donde el control del cuerpo se articula con el control de la palabra, de los afectos y de formas plurales y densas de significación social. Desde esas coordenadas, la dimensión relacional de la muestra activa configuraciones poético-políticas capaces de interpelar los estados de confinamiento.
Frente a la violencia del autoritarismo estatal, la práctica artística de Otero Alcántara insiste en la sobrevivencia como acto político. Pintar en prisión sobre cartones, paredes o superficies precarias convierte el gesto creativo en una forma de persistencia vital, pero también en un archivo cotidiano del encierro. Sus imágenes funcionan como cartografías de la reclusión y registro del paso del tiempo, la desesperación, la monotonía y, al unísono, la voluntad de seguir produciendo sentidos en los mismos espacios desde donde el poder prescribe silenciamientos.
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Artistas y obras
Raychel Carrión. Disenso. 2021. Grafito sobre papel Fabriano, 150 x 110 cm
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Raychel Carrión. Pedagogía. 2022. Grafito sobre papel Fabriano, 200 x 150 cm
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Luis Manuel Otero Alcántara. Los héroes no pesan. 2011 Instalación. Metal, madera reciclada, tallada y quemada. Dimensiones variables
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Raychel Carrión. Aquí está! La claridad del mediodía. 2022. Grafito sobre papel Fabriano, 218 x 150 cm
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Raychel Carrión. Sueño. 2022. Grafito sobre papel Fabriano, 200 x 150 cm
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Luis Manuel Otero Alcántara. Sin título. De la serie Payasos. 2021. Grafito y pastel sobre papel, 30 cm x 27 cm cada una
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Luis Manuel Otero Alcántara. Ausencia. 2026. Texto escrito por el artista y leído por la historiadora del arte Yanelys Núñez. Archivo de sonido, dispositivos de audio y pedestal
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Coco Fusco. Artists in Prison Around the World. 2025. Impresión en Sintra, 671 cm x 240 cm. Diseño: Loid Der. Fuente de información: Artists at Risk Connection
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Luis Manuel Otero Alcántara en colaboración con: Raychel Carrión, Sandra Ceballos, Celia Irina González, Hamlet Lavastida, Camila Lobón, Carlos Martiel y Nonardo Perea. El Podcast perdido de Aponte. 2025. Audio, dibujos y texto escrito por Coco Fusco. Dimensiones variables
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Carlos Martiel. Sin título. Acrílico sobre cartón y papeles de cajetillas de cigarros cubanos, 43 cm x 53 cm
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Hamlet Lavastida. Tallo y espinas de Euphorbia acrurensis | Gavita, torre de vigilancia de prisiones | Botella aplastada para diferentes usos | Pan diminuto que den en el desayuno | Tornillo entre la litera y el piso | Flor de mango que entra con el aire por rendijas y barrotes. Pluma fuente sobre cajetillas de cigarros cubanos, 14.75 cm x 11.25 cm cada uno
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Celia Irina González. Romperte el short meterte la mano por el culo pa’ dentro. Bolígrafo sobre papel de cajetilla de cigarros cubanos, 15.5 cm x 8.5 cm cada uno
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Nonardo Perea. Celda 28. Bolígrafo sobre papel de cajetilla de cigarros cubanos, 29.5 cm x 18 cm
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Camila Lobón. Presa de la libertad. Bolígrafo sobre papel de cajetilla de cigarros cubanos, 32.5 cm x 44.5 cm
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Sandra Ceballos. Después de ese duro golpe. Bolígrafo, ceniza de cigarro y pegamento sobre cajetillas de cigarros cubanos. 15 cm x 9.5 cm cada uno
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Raychel Carrión. Fervoroso Tánatos | Novicio | Como puñaladas de manco. Grafito sobre cartulina, 30 cm x 22 cm cada uno
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Fabiola Rayas Chávez. La isla de los deseos. 2024. Máquina de escribir, papel, video, tela intervenida y cosida. Dimensiones variables
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Katherine Bisquet. En San Isidro. 2020. Fotografía analógica impresa en Sintra. 50 cm x 35 cm cada una
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Luis Manuel Otero Alcántara en colaboración con Anyelo Troya. Mil maneras de morir accidentado. 2020-2021. Fotografía analógica impresa en Sintra, 50 cm x 35 cm cada una
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Luis Manuel Otero Alcántara. Performances. 2013-2021. Video, 24 min
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Luis Manuel Otero Alcántara. Miss Bienal. 2015. Vestuario utilizado en la performance
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Luis Manuel Otero Alcántara. ¿Dónde está Mella? 2017. Vestuario y objetos utilizados en la performance
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Lugar de la exposición: Galería Metropolitana. Dirección: Medellín 28, Roma Norte. Cuauhtémoc, Ciudad de México. Horario: Lunes a viernes, 10 a 18 h. Entrada: libre. Año: Mayo, 2026.
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