Caludia Padrón Cueto: Seis meses intentando volver a Cuba / ‘Solo me traen contratos para ir a la guerra’

DD.HH. | 19 de agosto de 2026
©Jannis del Toro en centro de detención en Rusia / Cubanet

Cuando Jannis del Toro Almenares salió de Cuba el 10 de febrero de 2026, creía que viajaba hacia una oportunidad de trabajo. Seis meses después permanece detenido a más de mil kilómetros de Moscú, sin fecha de deportación y bajo la presión constante de firmar un contrato con el Ejército ruso y marcharse a la guerra contra Ucrania.

“Lo único que me traen son contratos para que me vaya para la guerra. Los guardias me ofrecen dinero y ciudadanía, pero yo no firmo nada. Prefiero suicidarme aquí antes que ser carnada de ellos”, afirma el cubano desde el centro de detención de Volgogrado, una ciudad del suroeste de Rusia.

Su travesía comenzó con una oferta recibida a través de Telegram. Ansioso por escapar de la miseria en el oriente cubano, se unió a un grupo donde ofrecían trabajo en Rusia y varias personas se pusieron en contacto con él. Parecía demasiado bueno para ser real, pero Jannis estaba desesperado y no lo analizó demasiado. Le pagarían el pasaje y el alojamiento inicial; después, una vez que comenzara a trabajar en Rusia, él devolvería el dinero. Por supuesto que Jannis aceptó.

El boleto fue comprado para el 10 de febrero, con salida desde el aeropuerto de Varadero. Llegó a Moscú al día siguiente tras 12 horas de vuelo. Como era la primera vez que salía de Cuba y solo habla español, estaba muy nervioso, pero se calmó al ver que un taxista lo esperaba en el aeropuerto ruso, tal y como le prometieron.

El trayecto no terminó en Moscú. Durante horas avanzaron por carretera hasta llegar, en la tarde del 12 de febrero, a Volgogrado. Allí lo instalaron en una vivienda alquilada, le dieron comida y le prometieron regresar al día siguiente para llevarlo a trabajar.

“Vinieron por la noche y me dijeron que no habían encontrado trabajo para mí, que el único trabajo que había era vender drogas”, escribe Jannis desde su celda, vía WhatsApp.

Su historia presenta similitudes con otros mecanismos de captación denunciados por cubanos en Rusia: una oferta de trabajo difundida mediante aplicaciones de mensajería, el pago del pasaje, la promesa de alojamiento y la aparición de condiciones completamente diferentes después de llegar al país.

De hecho, no solo cubanos han sido víctimas de redes similares. Una investigación de Radio Free Europe/Radio Liberty documentó en 2025 este mecanismo entre migrantes de Asia Central: los anuncios prometían salarios elevados, jornadas cortas, alojamiento y pasajes pagados para trabajar en Rusia, pero el verdadero empleo consistía en transportar y esconder paquetes de drogas. Algunos organizadores incluso entregaban posteriormente a sus propios “trabajadores” a la Policía para evitar pagarles.

Cuando escuchó la propuesta, Jannis fingió aceptar porque temía que pudieran hacerle daño, pero no estaba dispuesto a ser un traficante. Las condenas por estos delitos pueden alcanzar entre 15 y 20 años de prisión y él no había salido de Santiago de Cuba para terminar en una cárcel rusa. Una vez que los hombres se marcharon, huyó y pidió ayuda a la policía.

Jannis contó lo sucedido y pensó que su pesadilla había terminado. Los agentes, asegura, le dijeron que había hecho bien en acudir a ellos y que pronto estaría de regreso en Cuba. Le prepararon la documentación para la deportación y lo trasladaron a un centro de detención migratoria.

El regreso nunca llegó

Primero pasó aproximadamente un mes incomunicado. Luego fue enviado a otro centro aún más apartado, donde apenas disponía de diez minutos para hablar por teléfono. Describe un lugar sin condiciones elementales, donde toda la comida del día se entregaba a las cuatro de la tarde y no recibían nada más hasta la misma hora de la jornada siguiente.

En junio fue trasladado al centro donde permanece actualmente. La alimentación, sostiene, sigue siendo pésima y conseguir medicamentos es prácticamente imposible.

“Pides una medicina y nunca hay. Siempre te dicen que no tienen”, cuenta.

 “Lo único que dan son macarrones, lo que en Cuba llamamos coditos, y un pedazo de pan. Traen las dos comidas juntas, una vez al día. Siempre es lo mismo y todo hervido”, relata.

En estos seis meses Jannis ha compartido el cuarto con decenas de migrantes, a quienes ha visto llegar e irse, pero él sigue allí, esperando ser deportado sin que le ofrezcan otro camino que no sea marcharse como carne de cañón a Ucrania.

“Lo único que me traen son contratos para que me vaya para la guerra, pero yo lo que quiero es que me deporten y como me niego no me sueltan. Me están coaccionando para que me desespere y firme”, explica.

Otros cubanos han denunciado que llegaron a Rusia mediante falsas propuestas de trabajo y terminaron en bases militares o en el frente ucraniano. Uno de los casos más conocidos es el de Álex Vega Díaz, quien tenía 19 años cuando aceptó una oferta publicada en WhatsApp para trabajar supuestamente en la construcción. Sin embargo, al llegar a Rusia fue llevado a una instalación militar, recibió armas y terminó en una trinchera en Ucrania.

En septiembre de 2023, el propio Gobierno cubano reconoció la existencia de una red que operaba desde Rusia para reclutar ciudadanos de la Isla y anunció la detención de 17 personas presuntamente relacionadas con ella. La Cancillería negó que Cuba participara en la guerra.

La espera y el silencio del Consulado cubano

Jannis ha logrado comunicarse con el Consulado de Cuba en Rusia solamente en dos ocasiones. La primera conversación ocurrió después de llevar alrededor de tres meses detenido.

Al proporcionar su nombre y apellidos, los funcionarios le dijeron que no aparecía en la lista de cubanos pendientes de deportación. Solo después de aquella llamada, según su testimonio, fue incorporado al registro.

En mayo volvió a hablar con representantes consulares. Les explicó que era el único cubano detenido en aquel centro y dijo que se conformaba al menos con ser trasladado a otro lugar donde hubiera más nacionales de la Isla, para no sentirse tan solo. También reclamó ayuda para regresar a Cuba.

La respuesta fue que no había vuelos directos entre Rusia y Cuba y que algún familiar debía comprarle un pasaje con escala.

“Les expliqué que no tenía quién me comprara el boleto porque mi familia es pobre. Me dijeron que, lamentablemente, tenía que esperar”, recuerda.

El cubano escribió posteriormente al Consulado en dos ocasiones, pero afirma que nunca recibió respuesta. También ha llamado repetidamente sin que atiendan el teléfono.

“Todo es mentira”, lamenta. “A ellos no les importamos”.

Ante la falta de una solución, Jannis pidió ser enviado a Uzbekistán, como ha ocurrido recientemente con otros cubanos expulsados de Rusia. Asegura que tiene una persona dispuesta a recibirlo en ese país.

La respuesta de los funcionarios fue que los traslados realizados desde Moscú no eran aplicables a su caso: “Moscú es Moscú y Volgogrado es Volgogrado”, le dijeron.

El argumento aumentó su sensación de abandono. Jannis no pide permanecer en Rusia. Tampoco se niega a ser deportado. Por el contrario, insiste en que quiere salir del país, ya sea rumbo a Cuba o hacia Uzbekistán. Al único destino que se niega es al de la guerra.

“Prefiero cualquier cosa antes que convertirme en carnada. Ellos ponen a los cubanos en los puestos más peligrosos para que nos maten primero. “Solo quiero que me saquen de aquí”, repite una y otra vez.

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Publicación fuente ‘Cubanet’