Alejandro Anreus: Arturo Rodríguez / Un libro sobre un pintor importante

Esta semana saldrá a la venta el primer libro dedicado al pintor Arturo Rodríguez (Ranchuelo, Las Villas, 1956). Miembro generacional de la llamada Generación de Miami, Rodríguez fue ignorado cuando susodicha exposición fue organizada en 1983. Miembros claves de ese grupo de artistas —como los difuntos María Brito y Humberto Calzada— tienen libros publicados sobre su trayectoria artística. Eso no había sucedido con la obra de Arturo Rodríguez. No hay explicación lógica, fuera de aquella frase en el Juan de Mairena de Antonio Machado: «Los novedosos apedrean a los originales».
Por fin, la editorial italiana GliOri, bajo el liderazgo de la editora Paola Gribaudo, la diseñadora gráfica Enrica GliOri, y la marchand d’art Oksana Salamatina, han publicado la primera monografía sobre este importante pintor y dibujante nacido en Cuba. No me limito a llamarlo un pintor cubano. Rodríguez es, junto con un pequeño grupo de artistas definidos como cuban americans, entre los que se salen de nuestro «ghetto» cultural, y es sencillamente un creador contemporáneo que pertenece al arte de EEUU, América Latina y el mundo.
Arturo Rodríguez siempre ha sido difícil de encasillar por varias razones. Primero, es un pintor con mayúscula, un militante obsesivo de la pintura, que también tiene una fuerte obra dibujística y en acuarelas. Es un autodidacta, que no es autodidacta: su mejor escuela fue el Museo del Prado, donde pasaba días y semanas estudiando a los gigantes de la pintura, desde Tiziano a El Greco, Caravaggio a Velázquez, Goya a Sorolla. Segundo, no le interesa el arte de «mensaje», de «identidad» ni las boberías conceptuales. Él pinta, y punto. Siempre ha sido figurativo y angustiosamente personal. El espíritu de su pintura tiene más que ver con los blues y el jazz, Céline y Rimbaud, que con una palmita tras la ventana o un bodegón con piña y mangos. En su intensidad psicológica y ferocidad expresionista, su pintura es parte del árbol genealógico que incluye a Fidelio Ponce, Raúl Milián y Antonia Eiriz, pero también a Max Beckmann, Otto Dix y Francis Bacon. Aparte de ser un tipo medio huraño, Arturo Rodríguez pinta porque no sabe hacer otra cosa, y siendo un obsesivo (en el sentido de la palabra que usaba Marta Traba, un artista cuya visión de la realidad es honda y dolorosa), y sin los pinceles quizás hubiera sido un delincuente.

Este libraco de 9×11 pulgadas y 280 páginas es empastado y tiene la bendición de estar repleto de magníficas imágenes a todo color de su obra. El lector puede ver y apreciar la evolución de un pintor extraordinario, desde sus primeras telas de paisajes austeros y oscuros, a sus series de locos, exilados, los bobos (autorretratos con su compañera, la pintora Demi); sus conversaciones visuales con La tempestad de Giorgione; con los santos de Caravaggio, los esperpentos de Goya, el bañista de Cézanne y el niño con pistola de Diane Arbus y los grabadores japoneses, etc. Es importante notar que Rodríguez fue, entre los pintores de Miami, el primero en tomar los exiliados como tema. La enajenación, el desarraigo y el deseo de encontrar el sentido de la vida incrustan estos lienzos. Dentro de este libro encontramos cuatro décadas y media de una de las visiones más originales y constantes en la pintura contemporánea.
Desde que entró el siglo XXI, los lienzos de Rodríguez se han movido entre sencillas telas liricas, de interiores con parejas u hombres y mujeres solitarios, a cuadros monumentales cuya complejidad puede confundir y hasta asustar al espectador ordinario sin cultura pictórica. Aquí están series completas dedicadas a Los fantasmas de Arcimboldo y Terra Incógnita (ambas fueron expuestas en LnS Gallery, Coconut Grove, Florida, en 2018-19 y 2022), donde simultáneamente el pintor escribe cartas de amor a la pintura, cuestiona su existencia y expande su vida. Toda esta obra y más, están documentadas a todo color en este magnífico libro.
Entre los varios textos que acompañan el arte, sobresale el de la historiadora de arte Lynette M. F. Bosch, una autoridad en el arte del Renacimiento italiano, y una defensora de la pintura de Arturo Rodríguez desde tiempo inmemorial. El texto del abogado Pedro J. Martínez-Fraga es prueba de la conocida erudición del coleccionista, y de su obsesiva admiración por la pintura de Arturo Rodríguez como un testimonio existencial de la condición humana.
La Cuban Heritage Collection, en la Biblioteca de la Universidad de Miami tendrá un conversatorio con el pintor y el historiador de arte y curador Bruce Weber el próximo jueves 3 de septiembre. El libro será oficialmente presentado en Books & Books de Coral Gables el 26 de septiembre, con la participación del pintor, el productor y coleccionista Nat Chediak y la historiadora de arte Carol Damian. Books & Books será el distribuidor exclusivo del libro en EEUU.
Ahora solo falta que un museo serio de la Florida —sea el Frost, el Lowe, el Norton o el PAM— tenga el coraje y la visión estética de organizar una retrospectiva de la obra de Arturo Rodríguez.
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Publicación fuente ‘Diario de Cuba’
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