Cristóbal Herrera Ulashkevich: Mazorra / El infame asilo de Cuba [1996]

El fotoensayo «Mazorra» surgió de una inquietante curiosidad, siempre despertada por el imponente lema que presidía la entrada del Hospital Psiquiátrico de La Habana. Este centro, conocido popularmente por el nombre de la finca sobre cuyos terrenos se erigió —«Mazorra»—, exhibía la irónica consigna: «Cuerpo sano, mente sana». Cada vez que pasaba por allí camino al aeropuerto internacional, el lema se me antojaba una dolorosa contradicción frente a los rumores que había escuchado sobre el lugar. Al tratarse de una institución gubernamental cubana, el funcionamiento interno del hospital resultaba impenetrable, y la verdad sobre sus operaciones solo era conocida por unos pocos elegidos.
Un buen amigo consiguió para mí un pase especial de un día, lo que me permitió entrar al hospital por la mañana con la intención de salir al final de la jornada. Sin embargo, la realidad que hallé tras esos muros resultó tan profundamente perturbadora que mi perspectiva cambió por completo. Comprendí que un solo día no bastaba. Decidí eludir al personal de seguridad asignado y pasar allí la noche. Me sentí impulsado a captar la verdadera realidad —el sufrimiento humano y el abandono— que permanecía oculta a los ojos del mundo.
Cuanto más exploraba, más confirmaba los informes de organizaciones no gubernamentales que había leído previamente; denuncias que el gobierno había negado rotundamente. Lo que presencié no era un hospital, sino un trágico escenario de abandono extremo y hacinamiento abrumador, alimentado por una corrupción profundamente arraigada. Descubrí que la muerte de decenas de pacientes estaba directamente relacionada con la inanición, la falta de calefacción durante una ola de frío crítica y el cruel robo de alimentos y suministros médicos vitales por parte de quienes debían velar por ellos.
Me habían dicho que la oscura reputación de aquel centro psiquiátrico no se debía únicamente a sus deplorables condiciones físicas, sino a que, al parecer, también se utilizaba como instrumento de control político. Siempre había considerado tal afirmación una exageración. No obstante, tras mi estancia en Mazorra, esa incredulidad se desvaneció. Descubrí que la verdad era una realidad cruel que superaba todos los rumores.
Se dice que los abusos en Mazorra continúan.
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Publicación fuente ‘Fotografía de Cristóbal Herrera Ulashkevich’







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