Heberto Padilla, poeta políglota y bocón, a veces histrión hasta la histeria, quiso ser el enfant terrible de la Cuba socialista, el bufonazo que señalara que a Barbatruco le colgaban las bolas y eso está tan feo, pero acabó fungiendo de escarmiento, chivo expiatorio en esa Cuba rusa que sobre su cabeza deslenguada proclamó lo obvio: Revolución no rima con Liberación. Para seguir leyendo…
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