Enrique del Risco: El realismo (socialista) como regularidad

Hace días el escritor Ángel Santiesteban comentaba en un artículo el caso de un escritor que “se atreve a decir en la televisión nacional que el realismo socialista, tan dañino al arte en Cuba, no fue impuesto por el Ministerio de Cultura”. Lo de menos es quién lo diga (siempre encontrarán a alguien dispuesto a repetir esas sandeces). Lo de más es la clara intención, primero del sistema, luego de sus repetidores en todas partes del mundo de vendernos una historia diferente de la que ocurrió, de la que en su momento celebraban como un logro del que estaban orgullosos y con el que machacaron a generaciones de cubanos. Es Mariela Castro (ahí el nombre sí importa porque lo veremos repetirse) intentando ocultar que la represión a los homosexuales no fue un proceso sistemático destinado a “depurar” la nueva sociedad. Es convertir el terror permanente sobre toda la sociedad en mero susto quinquenal. Es Raúl Castro (otro nombre y otro apellido que veremos con frecuencia) negando la existencia de presos políticos, de ejecuciones extrajudiciales, de fusilamientos sistemáticos. Eso es lo de más. Como si no bastara que te apolismen y te humillen sino que encima tengas que olvidarlo.
Pero volvamos al tema del realismo socialista. No hace mucho tuve similar discusión con un teórico ruso especialista en literatura soviética, quien me negaba la posibilidad de que en Cuba hubiera florecido el realismo socialista (es un decir) cuando ya en la Unión Soviética hacía un par de décadas que lo habían abandonado. Me decía él:
«La Revolución cubana ocurrió mucho después. Su cultura fue formada en los 60. Por supuesto que es el mismo tipo de cultura, es la cultura populista de las masas no educadas, pero aun así tiene un trasfondo completamente diferente al del realismo socialista ruso. Porque —por ejemplo— el realismo socialista en Rusia trata de simular o explotar la cultura folclorista y está basada en el cristianismo ortodoxo. Mientras que la cultura cubana está basada en la tradición católica».
Lo que él veía (el realismo socialista) como un fenómeno histórico, coyuntural y local, yo tiendo a pensarlo como instinto básico del sistema, como etapa “natural” de su crecimiento. O, empleando el término pedagógico tan popular en otro tiempo, se trata de una “regularidad del socialismo” (si tengo algo de razón en los próximos años veremos la eclosión del realismo socialista venezolano). Yo no dejo de insistir en que más que aberración momentánea ese –el de la década conocida como Quinquenio Gris- fue su período clásico, el de mayor esplendor. Tiempos en que su ideología campeaba por todos los niveles de la vida cubana sin el menor asomo de inquietud, sin pensar que alguna vez alguien les pediría explicaciones. Cuando afirmaba a cada paso que el contenido –revolucionario, comunista- debía primar a cada paso sobre la forma. Cuando defender cualquier formalismo era poco menos que un acto de disidencia. Años en que se atrevían a decir sin embozo:
“El arte y la literatura promoverán los más altos valores humanos, enriquecerán la vida de nuestro pueblo y participarán activamente en la formación de la personalidad comunista. La política cultural en el terreno de la creación artística y literaria estimulará las manifestaciones el arte y la literatura con un espíritu clasista dentro de los principios del marxismo leninismo”*.
Nunca han vuelto a ser tan honestos como entonces. Después, cuando ven que las fuerzas no les alcanzan para conseguir todo lo que pretendían se han vuelto más sofisticados, algo se avergüenzan de sus fechorías pasadas e intentan hacérnoslas olvidar. O decirnos que fue un breve arrebato de excesos y no el punto de plenitud más acabada. Y muchas veces usan a los mismos que pateaban en el pasado –o cada vez que sea necesario- para reescribirlo, para convencerte de nada ocurrió. “Son muchos los que reciben patadas en el trasero pero luego aceptan alguna prebenda que los vuelve a situar bien, y así esperan la próxima patada” dice Santiesteban. Esa es, donde quiera que haya existido, otra regularidad del socialismo. La del realismo de que hay que doblegarse ante el Poder porque no queda otra opción.
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[*] Tesis y Resoluciones del Primer Congreso del Partido Comunista de 1975.
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