Noticias: Cuál es el plan de GAESA para sobrevivir a Donald Trump

Si tomamos las señales de las dos últimas semanas como una pequeña muestra de cómo es el modelo de “cambio” que pretende el castrismo para evitar una caída por la fuerza, entonces el futuro de Cuba no lucirá nada bien si la represión y los represores continúan donde mismo están, aunque disfrazados de aquello que les pidan quienes le ofrezcan salvarse.
Probablemente, los indicios más importantes se desprenden de lo sucedido con las empresas extranjeras más fieles a los Castro que ahora han roto con GAESA, o que al menos simulan una ruptura, y que obligatoriamente dará paso a un modelo de gestión económica descentralizado que permitirá de inmediato la entrada de otros tipos de capital —incluyendo el de los cubanos emigrados. Algo que parece una “concesión” realizada por la fuerza pero que, en realidad, les está dando la oportunidad a los militares y demás miembros de la élite de acelerar la definitiva privatización de empresas que ya desde hace tiempo manejan como privadas aunque obligatoriamente vinculadas al aparato empresarial de las Fuerzas Armadas.
Lo que para la ortodoxia comunista es sin dudas una derrota, en tanto los expone como grupo debilitado a lo interno del poder político, para quienes desde hace décadas “juegan al capitalismo” —con licencia del mismo PCC es una de las mejores noticias de los últimos tiempos. En tanto abre definitivamente las puertas a la anhelada transformación de simples “administradores” a “propietarios”, algo que ya venía ocurriendo con determinadas empresas, fundamentalmente las vinculadas al turismo (por ejemplo, el caso de la Hacienda El Patrón, o los negocios asociados con Flora y Fauna, en manos de la familia de Guillermo García Frías), con los esquemas inmobiliarios a pequeña y mediana escala y con la importación de mercancías, donde hay más de una decena de “emprendimientos” encabezados por familiares de militares y “dirigentes”.
De modo que hay que interpretar la noticia de la salida de las grandes hoteleras (y del resto de empresas de otros tipos) como la oportunidad que verdaderamente ha sido para esa fuerza en el poder, no tan visiblemente política, pero sí efectivamente económica, que quizás hubiera deseado que esta se diera hace una década atrás, con el deshielo de Obama. Pero que igual ahora —aun con todas las cifras en rojo, quizás más allá de la bancarrota— les abre una puerta que hasta ayer estuvo cerrada, y que por tanto se hacía difícil traspasar.
Sin embargo es una puerta hacia un futuro inmediato como empresarios (ya no como militares-empresarios) que no están dispuestos a compartir con nadie más que entre ellos mismos.
Más de tres décadas desempeñando un papel de dueños absolutos de la economía cubana los ha convencido de una falsa legitimidad que intentarán defender por todos los medios, y eso incluye, por supuesto, la negociación con el “enemigo”, el sacrificio de quien deba ser sacrificado, pero también el sostenimiento de la represión para que en ese proceso de “cambio” la situación en las calles no se les vaya de las manos y escale a una revolución social o a una situación de violencia o de ingobernabilidad difícil de revertir.
Así, mientras preparan el desmontaje de GAESA, o su transformación en “otra cosa” que no podamos relacionar directamente con la élite militar, al menos mientras dure la mutación, el incremento de la represión política será parte indispensable del proceso puesto que los cambios económicos que se avienen, algunos bien radicales, incluyendo la privatización de muchas de las empresas que se desgajen de ese desmontaje —absolutamente en favor de los propios militares— llegarán acompañados de mayor ensanchamiento y profundización de la brecha social y, por tanto, del agravamiento de la pobreza.
Será un proceso que quizás les gane el favor de quienes en Washington se conformen con tales “cambios” y eso pudiera ser letal, porque si de algo podemos estar totalmente seguros es que si el régimen cubano lograra sobrevivir a la administración de Donald Trump —transformándose en un modelo de dictadura al estilo de China y Vietnam, así como sucederá en breve con eso a lo que llamamos GAESA—, se sentirá más que confiada en que nada ni nadie podrá derribarla. Y eso vendrá acompañado de mucha frustración, de enojo, desencanto y desesperanza para un pueblo que seguirá sin beneficiarse de los “cambios” económicos (puesto que solo serán mutaciones de camuflaje) y al que solo le tocará del pastel el mismo trozo amargo de la represión.
Igualmente, los que esperan que el castrismo caiga por su propio peso deberían tener en cuenta que es un sistema hueco hecho de aire y humo, y que los comunistas cubanos son expertos en flotar.
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Publicación fuente ‘Cubanet’ / Autor: Periodista protegido
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