Axel Li: Dentro del cerco (con Hamlet)

Estamos en La Habana. No pudo ser en otro punto del planeta.
Tomando de pretexto a Rafael Zarza. Toda la corrida artística (Rosenkrantz Editions, 2026), hemos pactado un encuentro para charlar sobre este nuevo libro. Los horizontes bibliográficos cubanos no cesan, ni aquí ni allá. Nos delimitan culturalmente.
Hamlet Fernández ha estado por la ínsula. Desde Brasil sigue con sus pasos profesionales. Él es un apasionado de la docencia, la interpretación artística, el arte cubano. Tiene signos de seguridad y proyección singular que, de momento, creo reconocer desde el recuerdo en algunas de nuestras profesoras históricas de la Facultad de Artes y Letras (Universidad de La Habana). De por vida, estaremos marcados por ese perímetro. También.
Crecen, y mucho, los activos historiadores del arte en distintas geografías. Hamlet, en particular, desde otro idioma.
No obstante, en un español muy clarito hemos charlado de lo divino y lo humano en el verano de 2026. Dos críticos de arte analizando y testimoniando hechos, sucesos y personajes. Evitando hablar del (c)rudo presente insular.
Hemos conversado de dos de sus libros que lo han consagrado en la actualidad. Para ambos materiales ha pensado su autor en dos momentos especiales y, así, él mismo presentarlos en la gran urbe de esta ínsula posmedieval.
Con los días sabríamos que ambas presentaciones quedaron completadas con el necesario registro audiovisual, huella de cuanto hacemos y constancia de que, en redes sociales, existimos. Y nos expresamos.
Hamlet Fernández es un creador de proposiciones.
Desde un ejemplar, de 2023, de La acera del sol… Impactos de la política cultural socialista en el arte cubano (1961-1981), ha dejado su marca caligráfica en una dedicatoria. “Con la esperanza de que Cuba sea un país de sol”, es la médula de esta proposición manuscrita en tinta azul. De tal metáfora.
Estoy en La Habana. Dando una versión muy abreviada de una muy larga conversación intelectual o ejercicio de oratoria crítica.

Leí, en su momento, tu ensayo sobre Zarza que fuera publicado por Rialta Magazine. Aunque no he hecho las comparaciones, asumo que sea el mismo que tenemos en Rafael Zarza. Toda la corrida artística (2026), ¿es así?
En esencia es el mismo texto. Claro, pude haber hecho ajustes en la estructura, retoques, pequeños añadidos. El proceso normal cuando uno va trabajando e intentando mejorar un texto. Pero cambios en la conceptualización, la comprensión de la obra de Zarza y la valoración de su legado artístico, en esas dimensiones esenciales, no. El ensayo mantuvo su identidad originaria.
Modificada tu creación en algo de más arquitectura visual o en producto editorial de otro tipo, ¿acaso este es un libro que ilustra a tu ensayo o es un libro monográfico?
Se trata de un libro de autor, no es un catálogo al uso. Es mi visión, como crítico e historiador del arte, de la obra de Rafael Zarza.
Con el aporte de Jorge Rodríguez Diez (R10), desde la maestría de su diseño gráfico y editorial, creo que logramos una arquitectura visual (como dices), que no solo ilustra el ensayo para una mejor comprensión del lector. El libro funciona también como una síntesis visual de lo mejor y más representativo de la obra de Zarza. Por lo menos en nuestra modesta opinión.
Siempre me gustó la estética de Rafael Zarza, me atraía de manera instintiva, quizás por mi origen guajiro. Nací y crecí en Cabaiguán, en la provincia de Sancti Spíritus. Durante toda mi niñez y adolescencia solía pasar los fines de semana en la finca de mis abuelos maternos. Me encantaba montar a caballo y trabajar con el ganado. Mi abuelo Cuco me enseñó a ordeñar desde niño. Desayunaba con leche tibia que tiraba yo mismo de la teta de la vaca al amanecer. Esas vivencias te marcan sensorialmente.
Regresando a Zarza, era de esos artistas que me gustaban y de los cuales sabía que tenía que sentarme a escribir. Yo desarrollo ese tipo de compromiso personal con la obra de algunos artistas, lo siento como un deber, como una responsabilidad. Yo mismo me lo exijo. En el año 2020, ¡finalmente!, le fue otorgado a Zarza el Premio Nacional de Artes Plásticas. Al calor de la noticia, escribo en mi Facebook un breve post, para dar mi visión muy sintética de la singularidad y la relevancia de su legado artístico. Recuerdo que él me escribió por Messenger, y fíjate si es modesto, que me expresó algo más o menos así: “Hamlet, leí el ensayo que usted publicó en su perfil de Facebook y le agradezco muchísimo”. (Para Zarza era un ensayo y en realidad era un pequeño post).
Dos o tres años después, estando yo en Brasil nuevamente, establezco comunicación con Zarza, creo que por motivo de una obra que él publicó en Facebook y a mí me gustó mucho. Y entonces le comenté de mi deseo de escribir un ensayo monográfico sobre su trabajo artístico de décadas.
A él, y a su esposa María Flora, les encantó la idea. Y así comenzaron la colaboración, la amistad, la confianza que ellos depositaron en mí, para poder realizar este trabajo.

En función de tu ensayo, ¿los pasos inmediatos cuáles fueron…?
Ellos me enviaron, por WhatsApp, una selección de obras por décadas, lo que Zarza y María Flora (ella es quien mejor conoce su obra) consideran que es lo más representativo e importante, tanto en pintura como en grabado. De manera que yo trabajé con un corpus visual ya preseleccionado por ellos. La visión de ellos está implícita en esa primera selección de obras. También Zarza me respondió por escrito una serie de preguntas que le envié por e-mail, para aclarar las dudas que fui acumulando durante la investigación. Esa fue la última fase antes de sentarme a escribir.
En el ensayo intenté conceptualizar la estética taurina de Rafael Zarza, su originalidad en el contexto del arte cubano desde finales de los años 60 hasta la actualidad. Claro que la producción del artista es inabarcable, siempre hay que hacer recortes, jerarquizar.
En un momento pensé en extenderme más y ampliar el análisis de obras concretas o de zonas específicas, pero eso no iba a cambiar el núcleo de mi sistematización sobre su iconografía estética, sus procedimientos conceptuales, de los desdoblamientos metafóricos en la representación del toro, de sus diferentes dimensiones discursivas: como la crónica social, el erotismo, la crítica política, la intertextualidad.
Cuando terminé de escribir la primera versión pensé: Zarza realmente lo que merece es un libro, el libro que la institucionalidad oficial cubana nunca le hizo, por mezquinos que son. Mientras, decidí publicar esa primera versión del ensayo en Rialta Magazine. También había otra finalidad, recuerda que Rialta… posee un sello editorial, pero esa iniciativa no prosperó.
Entonces ahí es donde entra en esta historia el diseñador, artista y gran amigo R10. En ese momento R10 ya era un estrecho colaborador de Jens G. Rosenkrantz Jr., un coleccionista norteamericano de la obra de Zarza, también fotógrafo, gestor cultural, cofundador y presidente de la Junta Directiva de The Annex Gallery, en Cincinnati.
Con el ensayo ya escrito podíamos ofrecer una visión clara de lo que sería el libro, le presentamos el proyecto a Rosenkrantz Jr. y, con su apoyo, comenzamos a trabajar en todo el proceso de producción editorial. Con este volumen, además, surgió otro proyecto, la plataforma Rosenkrantz Editions, una editorial alineada con la misión de The Annex Gallery: “visibilizar la obra de artistas locales y de creadores procedentes de periferias de los cinco continentes que, por razones diversas, desarrollan hoy su práctica en el contexto del Midwest, con especial atención al ámbito hispanoamericano”.

A veces, en libros de arte así, como este, lo que necesitamos más allá de las (no) interpretaciones escritas, es el entramado de un sólido discurso visual. Y con este libro lo han logrado…
Rafael Zarza. Toda la corrida artística (2026) posee obras que nunca hemos visto o, en algunos casos, las ve(re)mos por primera vez como son. Además, tiene unas tres líneas para ser leído, es decir, la recepción no solo sería a través de tu texto.
A quien le guste el arte y también los libros es una opción.
El mundo contemporáneo se mueve a una velocidad muy rápida. El mercado editorial ya cambió. Este libro se puede adquirir en Amazon, desde cualquier parte del mundo (excepto desde Cuba, lamentablemente), a un precio accesible a la mayoría de las personas. No es de tapa dura, no es impresión de lujo, no es con el super papel, pero la información está ahí y, además, lo que creo relevante es la calidad, el rigor de esa información. Para mí un libro antes que nada tiene que cumplir con una función de socialización del conocimiento, estar a la mano de los posibles interesados.
Te referías a unas tres líneas para ser leído. Sí, está el ensayo, en español e inglés, para quienes no renuncian al placer de la lectura, al diálogo por medio de la conceptualidad del lenguaje verbal. Está la lectura visual que se puede hacer disfrutando solo de las imágenes, como si de una gran exposición antológica se tratara; y también jerarquizamos visualmente pequeños extractos (highlights)tomados del ensayo, que permiten una lectura rápida, para quienes andan más de prisa por este mundo. Las tres lecturas se complementan, claro, aunque mi consejo hermenéutico es que el libro sea leído y disfrutado en las tres dimensiones, en su totalidad orgánica. Se trate o no de un lector voraz.
¿Cómo levantar el gran discurso visual del libro entre tú y R10 desde la distancia? ¿Qué características tuvo tal experiencia con esta “atípica modalidad”?
Fue complicado, un proceso de intercambios que duró meses, R10 desde Estados Unidos y yo desde Brasil, en nuestros tiempos libres. Yo fui creando bloques de imágenes para cada sección del ensayo, pensando en una coherencia de lectura, sin didactismo, aunque con cierta lógica. Las imágenes acompañan, pero también expanden el ensayo y la comprensión del lector sobre la obra de Zarza, que es lo que importa. La composición visual, los contrastes, los equilibrios, toda la creatividad visual en ese sutil diálogo interno entre las imágenes, es de R10, por supuesto.
Ubicación y secuencia es algo tuyo entonces. Me alegro. Por un instante pensé que se debía esencialmente a R10.
La indicación o pista inicial es mía, el lenguaje visual es de R10.
Este es un libro con una visión crítica desde la curaduría interna. Además, somos modestos, es un ensayo de libro por ser el primero de Rosenkrantz Editions, y la primera colaboración de este tipo entre R10 y yo.
La idea de los highlights fue de R10. Quería él que hubiese una especie de lectura rápida del ensayo a través de fragmentos claves, bilingües y significativos y, también, para soluciones de diseño en páginas puntuales.

Son el recurso gráfico conocido además como chapeau, en y para las revistas, los cuales configuran el tren de lectura o hasta la elegancia compositiva o el olfato gráfico-conceptual de un diseñador y un editor. Aquí, en tu volumen bilingüe, están pensados para el concepto libro cual síntesis discreta, y voy a modificar tus palabras sobre los ánimos de leer, hasta para aquellos lectores menos voraces… En un puntaje discreto, pero bajo el velo bicolor de una masa textual que articula intenciones e ideas editoriales de síntesis “preliminar”.
La última “nota” que escribo, y que no está en el ensayo, es para acompañar la obra de la página 228. Es la única que escribí específicamente como highlight y tiene que ver con el título del libro y con la obra de dicha página. Zarza nos la mandó al final del proceso y guarda relación además con sus 80 años. Es un autorretrato.
Escribí entonces y leemos en la página 227: “A sus ochenta años [,] Rafael Zarza continúa creando con la misma vitalidad y lucidez de siempre. Continúa luchando y berreando, dentro del cerco, como el auténtico toro bravo que es. Ese toro negro nos mira (…) y siento que nos pregunta: ¿qué tipo de pueblo hemos sido, qu[é] tipo de pueblo somos o queremos ser (…)? Como hombre y artista [,] Zarza decidió guerrear por su libertad sin hacer concesiones, ni al poder ni al mercado. Sus metáforas son embestidas indomables (…)”. Y esto es lo que complementa al cierre visual del libro.
Ese fragmento tiene su magia también de enunciado. Para mí, como lector-editor, el libro concluye textualmente justo en ese instante de la página 227. ¿Para ti sucede lo mismo?
El ensayo como tal termina donde termina. En el punto final de la página 188.
El statement final o highlight de la 227 es como un epílogo, solo que no está puesto como eso. Y acompaña a la última obra del libro.
Gracias a ustedes y a un PDF, intermedio, realicé una lectura del conjunto. Estoy viendo ahora el libro (en físico) y me lo imaginaba en su escala, o formato, de otra manera, quizás más grande. Estamos ante un volumen emocionante…
Y con obras por bloques-grupos, las de los años 60, 70…; las eróticas; las patrióticas; las contemporáneas. También con aquellas que son clásicas y que poca gente las conoce: estas tenían que quedar bien marcadas en el libro.
Por ejemplo, el bloque de la zafra de los 10 Millones es de tres. Hago un análisis en el ensayo de ellas, entre las cuales está el toro, de 1973, siendo masacrado por el trapiche. Y, de manera sutil, fluida, continuamos con la serie sobre las torturas a la cual pertenece esa obra. Hay una del toro que es torturado en el tórculo, una metáfora del artista siendo censurado por el poder con su propio instrumento de trabajo. Estamos hablando de 1973, en pleno proceso de “parametración” de artistas por el Consejo Nacional de Cultura. Después vienen otros toros con torturas atípicas y se cierra el bloque con El gran fascista (1973). Hice una articulación entre esa serie de torturas del 73 y lo que Zarza realiza a propósito del 500 aniversario de La Habana. ¿Ves cómo funciona un bloque (visual)? En este caso, el antecedente de ese tipo de trabajo: en 1973; las obras contemporáneas del artista, que son sobre ese tema; y se cierra con un clásico, acompañado de un highlight. Ese tipo de construcción interna de una secuencia curatorial es mi responsabilidad, y R10 la mejora con las soluciones finales de la composición visual.
Después de ese bloque más cargado, puede entrarse en una parte más light con el tipo de belleza artística que produce Zarza. Es un respiro, es un Zarza que juega con el motivo visual del toro, aunque sin la complejidad conceptual de otras piezas. Siguiendo por esta secuencia tenemos hasta bodegones; él está haciendo ahora bodegones. Los hace en los años 70, algunos también en los 80 y en los 90 con la crisis del Período Especial. Y ahora retoma los bodegones. Uno se da cuenta que son ciclos.
Zarza tiene temas o motivos metafóricos para expresar determinadas cosas en diferentes tiempos. Cuando la cosa se pone represiva, desde el punto de vista político, él utiliza las cuestiones del fascismo, de la tortura, de los toros siendo masacrados. Los bodegones aparecen cuando hay crisis económica, la amenaza de muerte gravitando sobre un pueblo, como ahora mismo.

En el libro las piezas no tienen, en su totalidad, el crédito “secundario” de la posible colección de lo que estamos viendo. Ya sea una pictórica o un grabado.
Sucede que no hubo que pedirle permiso a ningún coleccionista para emplear alguna imagen. En casa de Zarza tienen mucha obra original desde los años 60 en adelante. Mucha, mucha. Todo está allí.
Él tiene los ejemplares de sus grabados. Los lienzos están bien conservados y guardados. Zarza tiene lienzos de gran formato y horizontales, porque apenas pinta de modo vertical.
Una impresión que se puede llevar cualquier lector de tu libro es la de ser una mina. Y con estas palabras tuyas, que Rafael Zarza es una mina desde la arista del mercado. Para galeristas y demás, la materia prima, a lo Zarza, está a la mano…
La obra de Rafael Zarza está esperando por los coleccionistas. Coleccionistas serios que sepan apreciar la importancia de un legado artístico como el suyo.
Una de las consecuencias colaterales del libro puede ser esa: alertar a los coleccionistas de buen gusto y que tienen un compromiso con el arte cubano, de que en casa del artista hay mucha, pero mucha obra, para escoger… Clásicos rotundos.

Si tuviéramos el suficiente dinero, y me permito esta fantasiosa licencia gracias a tu libro y lo que en este he apreciado como aporte de antología visual sobre Zarza, algo podríamos comprar in situ. En tu caso, ¿cuál sería tu adquisición tentadora…?
Imagínate tú, esa pregunta está muy difícil. Yo compraría un poquito de todo: una de tipo erótica, una obra de política dura, algún clásico de los años 60 que son joyas (por ejemplo, Una diarrea almibarada (1969), sobre la zafra de los 10 Millones). Compraría la serie de las torturas, de la otra sobre las guerrillas: ¡esta es un super clásico! ¿Tú la viste? Sería una cuestión de un poquito de cada cosa. A ver, ¿y tú qué comprarías?
Axel, dime algo, además, ¿tú no crees que la obra sobre la muerte de José Martí [en la página 184] no es para que el Museo Nacional de Bellas Artes hubiese ido a comprársela?
Los dineros, los dineros… De y para Bellas Artes.
Yo quedé impactado con originales y con la ilusión de los coleccionistas, que adquieren y adquieren arte. Como en tu caso, me tientan varios originales, apenas te voy a mencionar solo dos: Los toros azules (1973), en la página 146, y Carne de res No. 1 (1969), en la página 43. Poesía y misterio a pulso para nuestras ¿despojadas? paredes domésticas.
Por otra parte, Hamlet, en el volumen están los comienzos fotográficos de apertura de tus “epígrafes” o de zonas de “pausa”, que nos brindan (otras) pistas o mensajes. En ellos tenemos la sutil huella narrativa de R10 dentro de y para todo un entramado también con luces y sombras editoriales.
Mira en el inicio, con piedras litográficas, ¿estas son de la propiedad del artista?
Las conserva Zarza en su casa. Y tiene dos o tres de las piedras de Umberto Peña, que rescató. Maravillas. Toda esa otra narración visual en el libro es de R10, con experiencia en hacer libros y revistas. Es su aporte.
Cuando escribí el ensayo lo hice de modo corrido. Luego, busqué momentos de transición y los numeré. Me gusta así para no dar muchas pistas. A veces la lectura corrida de un texto no funciona bien. Y ya para el Rafael Zarza. Toda la corrida artística (2026), R10 encontró desde el diseño una buena solución.

Entre La acera del sol… y este sobre Zarza, hay similitudes en el cómo estructurar el ensayo definitivo. Guardan afinidades temporales y de sucesos de un mismo contexto. Al primero lo siento como un boceto, despojado de un cuerpo visual: ¿te imaginas a tu acera cargada de ilustraciones? (Ambos tienen la misma dramaturgia de cuerpo, solo que el dedicado a Zarza posee un exquisito andamiaje compositivo: desde el diseño y lo fotográfico que, además, nos documenta con precisión una selecta ruta artística de Zarza. Este más reciente se engarza, pues, con tu libro galardonado, en 2019, con el Premio Alejo Carpentier…)
Porque entran en la misma época.
Imagínate tú, La acera del sol…, con imágenes de Antonia, Umberto, Chago… Con las cosas de los años 70, con los panfletos de los milicianos de los 70… Un show, un show. Cuando yo mandé el libro al certamen lo hice con una selección de obras a modo de anexo. Durante el proceso de edición con la Editorial Letras Cubanas comenté del tal anexo visual remitido. La editora me dijo que era un libro de ensayo (premiado) y que no llevaba imágenes.
¿Y para la edición de La acera del sol… por el sello de la revista Hypermedia Magazine propusiste el contenido visual por ti seleccionado?
No, no. Yo no dije nada y ellos tampoco me lo propusieron. Algo así encarece mucho también a los efectos de impresión. En ese tipo de libro, de corte ensayístico, no puedes poner tantas imágenes, apenas aquellas en momentos puntuales para ir dando un norte. Con varias hasta se convierte en otro libro.
Y en uno sobre un artista, como es el caso del de Zarza, el protagonismo lo deben tener las imágenes.
¿A este sobre Zarza lo has disfrutado (ya) como lector?
Sí, claro. Ver el libro, la curaduría de imágenes, las diferentes maneras de leerlo. Sí, sí.
¿Qué lectura tienes para la cubierta del libro?
El crédito es para R10. La idea me pareció genial desde la primera versión. No hubo discusión al respecto. El color de fondo es la arena, el ruedo y, por supuesto, la sombra del toro en posición de embestida. Esa sombra funciona también como sutil metáfora visual de la proyección del artista; y la tipografía en rojo: la sangre concreta que se derrama en la lucha; y en la dimensión metafórica: la violencia política que se ha vivido en Cuba durante las últimas seis décadas.
El toro bravo, que es el motivo iconográfico central y transversal de toda la obra de Zarza, se convierte en un alter ego suyo, pues está toda la metáfora de él como toro bravo e indomable del arte cubano. Además, la lucha dentro del ruedo, la isla como cerco, la arena como espacio agónico de batalla existencial, por la libertad o la supervivencia.

Ya en esta etapa, con el libro vivo y circulando, ¿tienes alguna insatisfacción?, ¿piensas que te faltó por elegir alguna obra del artista, que pudiste haber decantado alguna (otra)?
En términos de obras, no. Yo creo que estoy muy satisfecho con el resultado visual. La mayor insatisfacción mía con este es que hubiese sido interesante una cronología sobre Zarza. Pero ese es un trabajo muy difícil de hacer, lleva mucho tiempo y, sinceramente, no soy muy bueno con la ilación de datos. Quizás el libro, no sé qué opinas desde tu experiencia como editor, con una cronología sería…
Honestamente, no le hubiese puesto una cronología. No en este caso. (La tenía, y fue realizada por el escritor Carlos A. Aguilera y la historiadora del arte Carmen Paula Bermúdez; libro que quedó tan solo en planas editoriales hacia el 2002. Nos quedamos sin conocer, a nivel impreso, el que iba a ser el primer libro consagrado a Rafael Zarza. Según deduzco, y llevándolo al escenario de entonces de la editorial que consagró esfuerzos, un ISBN, la típica dinámica en estos asuntos…, habría sido un tanto modesto: quizás en su factura y seguramente con el resultado de imprenta para un selecto repertorio de piezas del artista. No obstante, hay algo que sabes como yo: desde aquí nuestra percepción del arte esencialmente universal fue, y ha sido, a base de un arte de malas copias y muy lejos del diálogo con los originales).
El tuyo habría requerido tal vez una breve nota de presentación. O un epílogo. Incluso, ahora que lo pienso bien, un útil índice “onomástico”, por décadas, siguiendo tu pauta como proceso analítico de todas las piezas artísticas que posee este libro con un sentido que no del todo es el cronológico, de ahí la utilidad de una posible guía de este tipo, sobre todo, para personas como nosotros. Un índice auxiliar, a modo de mapa, para el repertorio visual que nos (re)coloca a Zarza y su arte: entre 1966 y 2024.
Este es un “libro de autor”, en el cual tenemos una interpretación genial sobre Zarza. El antecedente de algo así lo tenemos en el abarcador ensayo (premiado), de fines de los años 90, de Carmen Paula Bermúdez.
Y les advierto a los lectores, lo que se puede disfrutar en el libro es un 10 % de su obra. Sinceramente, es una pequeña parte.
¿Tan poco? Entonces han aplicado aquel principio del cine: editar es cortar… No obstante, nos estamos llevando una idea, y muy bien, de lo que es su poética en el tiempo.
Sí, sí.

Como para mí el libro sobre Zarza es una prolongación de y para La acera del sol…, ¿crees que con el nacimiento del sello Rosenkrantz Editions podremos tener otros similares de tu autoría sobre algunos de los artistas que estudias en ese premiado en 2019 con el Premio Alejo Carpentier?
Me gustaría hacer el de Antonia Eiriz, porque ese libro no existe.
Antonia, y tantos más, como Zarza, estaban pensando su época, dejaron un testimonio artístico y reflexivo sobre su época. Esa historicidad derivada está en la obra.
La obra es documento histórico y yo la intento leer como tal, en esa conexión vital con la historicidad de la época, que se expresa en la obra de manera derivada y singular. Me gusta dialogar con la intencionalidad semántica concreta de la obra, no con la supuesta intencionalidad original del artista. Y como nos recomienda la semiótica, el texto artístico posee una intencionalidad semántica intrínseca, la cual no está cualitativamente predeterminada. Son la interpretación, el trabajo del crítico, los que aportan una de esas determinaciones cualitativas (cognoscitivas) posibles. Es lo que intento hacer en mi trabajo. Yo no establezco idilios con los artistas, todos los seres humanos somos complejos, todo el mundo tiene virtudes y defectos. Yo trabajo con la obra del artista, no con su personalidad. Para mí esa es una línea que no cruzo. Soy escritor de oficio, mi trabajo es escribir, ya sea un trabajo académico, una crítica de arte o un ensayo. Me considero un ensayista, mi género preferido es el ensayo.
Tu libro sobre Zarza es un gran aporte bibliográfico y visual. En este (re)leemos un seductor ensayo de interpretación de conjunto con el ensayo visual de R10 como diseñador, el cual resplandece para bien nuestro, como lectores, gracias al ejercicio fotográfico que ha captado línea y color (y otras pistas) en torno a Rafael Zarza. El libro nos amplía la percepción sobre este artista porque también, insisto, la fotografía de sus piezas tiene un nivel de decoro y fidelidad, como debe ser en los libros de arte.
Es eso. Es un esfuerzo por darle visibilidad y reconocimiento a la obra de Zarza y que se pueda apreciar en toda su dimensión y riqueza.
A veces he tenido la percepción de que mucha gente, incluso críticos, poseen una visión muy superficial de la obra de Zarza, como un pintor de “toritos y vaquitas”, de una estética decorativa o inofensiva. Creo que con el libro demostramos que es todo lo contrario. La gran genialidad del artista es haber desarrollado una obra muy diversa en temas y recursos conceptuales. Sin dejar de moverse en un universo iconográfico muy personal, protagonizado por el toro bravo.
Además, es como tú dijiste: el volumen facilita unas tres lecturas. Quien quiera leerse mi ensayo, quien tenga la paciencia de hacerlo, tendrá mi interpretación y conceptualización de la obra de este artista. Hay otra, la de hojear y apreciar el libro para saber de Zarza. Una lectura visual que dará una visión amplia de su arte. Una lectura incluso de contrastes, con respecto a la mía, que se pudiera hacer.
Sencillamente, como estudio la teoría de la recepción, no he querido monopolizar la interpretación del arte de Rafael Zarza. Mientras más interpretaciones, mejor. Así es como se expande la obra de un artista.
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