Francine Birbragher-Rozencwaig: Florencio Gelabert en Zapata Gallery

Desde la década de los ochenta, Florencio Gelabert ha investigado distintas formas de expandir las posibilidades que brindan la escultura, la instalación y el dibujo como medios de expresión visual. Durante su estadía en Nueva York (2005-2013), comenzó a interesarse por las opciones que ofrecían en esa búsqueda de ciertos materiales cotidianos como las lasas de vitrocerámica y los escombros de construcción. Desde ese momento, su obra se consolidó como una exploración de estos elementos. En las distintas muestras que ha realizado desde entonces, el uso de dichos materiales le ha permitido crear obras que alteran la experiencia del espectador en relación con el espacio. Esa intención se aprecia claramente en su más reciente exposición, presentada en la galería Ideobox de Miami.
Según Gelabert, Desplazamiento presenta una nueva forma de ver el paisaje, una propuesta personal que ofrece un novedoso cuerpo de trabajo conformado por esculturas y relieves. El título sugiere un juego de palabras entre el movimiento y la visión tradicional del entorno. A través de las obras, e incluso de la curaduría, realizadas por él mismo, Gelabert nos invita a ver la realidad circundante “con una pupila más amplia e imaginativa, de acercarnos al paisaje ya los objetos con otras vibraciones y recibir su fuerza física desde otra perspectiva” 1.
Sus obras anteriores han partido de la utilización de elementos cotidianos y/u objetos encontrados casualmente en la calle. Sea de piedra, barras de acero o cerámica, cada pieza comienza con la exploración de sus características físicas, y, a partir de ellas, lograr alterar su percepción. En última instancia, se trata de recrear escenarios similares o alusivos a los entornos urbanos.
A primera vista, las esculturas parecen simples losas de cerámica o lajas de mármol quebradas. Si se observan con detenimiento, es posible percibir una intención detrás de la ruptura, que no solo hace alusión a la forma violenta con la que se fractura el material, sino que, además, “de alguna manera recuerda las grandes excavaciones en el paisaje realizadas por los artistas del Land Art en los años setenta” 2 . En este caso, es importante anotar que, en la obra de Gelabert, estas fracturas son fundamentales tanto a nivel formal como conceptual. Por otra parte, rompe la tradición de la escultura de pedestal al utilizar el mármol y el granito como parte de estructuras que, si bien siguen siendo tridimensionales, están colgadas en una pared.
El recorrido de la exposición comienza con una escultura de mármol blanco hecha con dos fragmentos resultantes del rompimiento de un cuadrado, ensamblados en forma de X y colocados sobre una base de metal oxidado. Al ubicarla frente a un panel blanco, la pieza “se desplaza” mediante la sombra reflejada. En la pared principal de la galería presenta tres esculturas en las que los trozos de granito negro –en esta ocasión cuidadosamente cortados– se superponen en una forma elegante y se convierten en espejo por el brillo de la superficie perfectamente pulida. Las sombras que resultan del reflejo de la luz sobre los distintos cortes crean un interesante “dibujo sin papel” sobre la pared, que recuerda las obras de Gego. Por otra parte, la pieza central, compuesta por dos lajas de mármol negro cortadas en forma de onda, hace alusión al equilibrio y al concepto yin y yang .
En la pared siguiente se destaca Displacement IV, de claro corte abstracto-geométrico, hecha con una barra de acero oxidado y una pieza de mármol blanco que simula ser una especie de “doblez” que sale del muro. En esta obra, que de alguna forma es la pieza central de la muestra, se aprecia una clara transición entre el dibujo y la escultura y la consolidación de un propio lenguaje, en el que se combinan aspectos del Minimalismo, el Arte Povera y el arte conceptual.
En la segunda sala, ubicada en contraposición a la obra expuesta al costado opuesto de la pared, presenta una pieza cuadrada, realizada con una delgada estructura de acero oxidado del que cuelgan varios trozos de mármol blanco en dos de sus costados. Igualmente presenta una pieza de pared, compuesta por un imponente rectángulo de mármol blanco, de cuyos costados salen dos cortes en forma de “ala” o “aleta”, en una composición tan delicada que da la apariencia de estar observando papel cortado, y una segunda escultura ubicada en el centro del espacio, Displaced Sculpture I , compuesta por tres piezas de mármol blanco, que, por su composición, podría interpretarse como un reloj solar.
La muestra invita a reflexionar sobre el acelerado desarrollo urbano y al mismo tiempo sobre su deterioro. Materiales como el mármol y el granito fracturados y las barras de acero oxidadas mediante el uso de ácidos abstraen el carácter social de la pieza, ya la vez enfatizan su materialidad, enriqueciendo de esa forma su significado cultural. Las piezas –que parten de formas geométricas básicas como el cuadrado o el rectángulo y se vuelven complejas al quebrarlas y ser combinados con elementos metálicos prefabricados por el artista– establecen una estrecha relación entre lo urbano y su deterioro o destrucción. Gelabert plantea un interesante concepto, matizado por una nueva aproximación al dibujo ya la escultura, que estudia cómo se comunica el material en sí, sin asumir que la mente ve lo que el ojo percibe.
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Notas
1. Florencio Gelabert, entrevistado por la autora, Miami, 8 de enero de 2019.
2. Ibíd.
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Publicación fuente ‘ArtNexus 112 / Arte en Colombia 158’, Marzo – Mayo de 2019
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