Jorge Moya: Julio Mitchel y El Sur / La geografía de la memoria
Hay viajes que terminan con el regreso a casa y otros que perduran mucho después de haber concluido. En El Sur, su próximo libro, publicado por Gost Books, Julio Mitchel vuelve sobre los paisajes y los encuentros que marcaron sus recorridos por América Latina entre los años ochenta y el 2000. A través de Nicaragua, Guatemala, México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Perú, el fotógrafo cubano reúne imágenes que van más allá del registro de los lugares visitados. Lo que le interesa es aquello que permanece después del viaje: los rostros, los gestos y esos fragmentos de experiencia que el tiempo transforma, pero no consigue borrar.
El libro se articula en torno a dos conjuntos de imágenes, distintos en su lenguaje, pero estrechamente vinculados. Journey, en blanco y negro, sigue el curso de los desplazamientos, las contingencias del camino y la naturaleza cambiante de los lugares. Portraits, en color, se detiene en las personas que Mitchel encuentra durante sus travesías. Más que dos aproximaciones fotográficas, son dos maneras de relacionarse con el mundo: una explora el territorio y sus transformaciones; la otra se concentra en la presencia del individuo. En una, el paisaje se despliega y escapa; en la otra, el rostro impone una pausa, establece una distancia y, al mismo tiempo, abre la posibilidad de un encuentro. Mitchel entiende ambos conjuntos como conversaciones con los vivos y los muertos, una idea que introduce en el libro una reflexión sobre la memoria y la ausencia. En cada fotografía hay algo que persiste, pero también la conciencia de que aquello que vemos pertenece a un instante irrepetible.
Sin embargo, bajo esta mirada atenta a los lugares y las personas subyace una lectura crítica de las realidades sociales y políticas de la región. Mitchel dirige su atención hacia las condiciones que generan y perpetúan: la pobreza, la corrupción, las desigualdades raciales y de clase, la brutalidad y corrupción de las instituciones militares, y la complicidad de sectores del clero con estructuras de poder. Su interés no se limita a documentar las manifestaciones visibles de la violencia, sino que busca revelar las fuerzas que la sostienen y las circunstancias que permiten su persistencia.
Esta perspectiva explica una decisión formal significativa: la ausencia de pies de foto individuales. Al prescindir de referencias específicas que identifiquen cada imagen con un lugar o un episodio determinado, Mitchel evita que las fotografías queden confinadas a una circunstancia nacional o histórica particular. El espectador no recibe una explicación que delimite el sentido de cada escena, sino que debe establecer sus propias relaciones entre las imágenes. La falta de identificación geográfica pone de relieve, la recurrencia de problemas estructurales que atraviesan las fronteras. La violencia, la desigualdad y el abuso de poder aparecen así, no como hechos aislados, sino como expresiones de realidades que, con sus particularidades, se repiten a lo largo del continente. El libro propone, de este modo, una mirada que trasciende la anécdota para interrogar las condiciones compartidas de la experiencia latinoamericana.
Nacido en La Habana en 1942, Mitchel se trasladó a Nueva York a los diecisiete años y estudió fotografía con Lisette Model en la New School. La mirada incisiva de Model y su capacidad para revelar la intensidad psicológica de sus sujetos constituyeron una referencia importante en la formación de su sensibilidad fotográfica. En su trabajo, la observación va más allá de la apariencia inmediata. Sus imágenes sugieren una relación compleja entre lo que la cámara registra y aquello que permanece oculto, entre la presencia física de las cosas y la experiencia subjetiva de quien las mira.
Al reunir fotografías realizadas a lo largo de casi dos décadas, El Sur convierte el tiempo en una dimensión esencial de la obra. Las imágenes, que en su origen pudieron responder a la inmediatez de un encuentro o a la impresión de un paisaje, adquieren ahora otro sentido al ser vistas en conjunto. La distancia temporal modifica la mirada: lo que fue presencia se convierte en recuerdo, y lo que parecía circunstancial revela una nueva densidad. El libro se sitúa precisamente en ese intervalo entre la experiencia vivida y su reconstrucción a través de la memoria.
El Sur no pretende ofrecer una visión totalizadora de América Latina ni organizar sus territorios en un relato de viaje convencional. Su geografía es más íntima: se construye a partir de encuentros, desplazamientos y momentos que han dejado una huella en la mirada del fotógrafo. El sur que aparece en estas páginas no es únicamente una referencia geográfica, sino un territorio personal, formado por experiencias que el tiempo transforma sin llegar a borrar. En las fotografías de Mitchel, viajar significa también aprender a mirar; fotografiar, encontrar una manera de regresar a aquello que, aunque ya no esté presente, sigue formando parte de nosotros.
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