Luis Cino: ¿Pueden las elecciones estadounidenses cambiar el destino de Cuba?

Nunca unas elecciones de medio término en los Estados Unidos han generado tantas expectativas entre los cubanos como las que se efectuarán el próximo 3 de noviembre. Y es que muchos creen que la supervivencia o no del castrismo, luego de más de ocho meses de estar sometido a máxima presión por el gobierno norteamericano, puede depender del resultado de dichas elecciones.
Puede que tengan razón los que así piensan. Y puede que no.
Es evidente que la estrategia del régimen castrista ha sido dilatar —prácticamente hasta llevarlos al estancamiento— los contactos sostenidos con el gobierno norteamericano, con la esperanza de que un eventual triunfo del Partido Demócrata en las midterms limite los poderes del presidente Donald Trump, le impida seguir reforzando las sanciones que tienen contra las cuerdas al castrismo y le haga descartar la posibilidad de ordenar una operación militar en Cuba.
Pero no deberían estar tan confiados los jerarcas castristas. Trump, impredecible como es, pudiera querer anotar algunos puntos a favor de su gestión presidencial dando algún paso importante respecto a Irán, la guerra entre Rusia y Ucrania y, por qué no, Cuba, un problema cuya solución —del modo que sea— pueda parecerle no tan complicada como la de los otros dos.
Y después de las midterms, incluso si los demócratas ganaran la mayoría en ambas cámaras del Congreso, probablemente Trump —como han hecho otros presidentes norteamericanos cuando pierden la mayoría, y más si ya no pueden aspirar a la reelección— se dedicaría más a los problemas que durante su mandato no ha acabado de solucionar en el exterior (Cuba, entre ellos) que a la política interna, donde más se vería obstaculizado por los demócratas.
Conviene recordar que en estas elecciones no se elige al presidente. Se renueva la Cámara de Representantes y una parte del Senado. Trump seguirá en la Casa Blanca, aunque el resultado puede facilitarle o complicarle las cosas. Para los jerarcas castristas, una victoria demócrata pudiera significar un respiro, pero de ahí a dar por hecho que les traerá la salvación va un buen trecho.
Son solo suposiciones que, como yo, hacen muchos de mis compatriotas. De los más informados, quiero decir. Porque la mayoría de los cubanos de la isla, desinformados como están y analfabetos en democracia luego de 67 años de dictadura, no entienden la política norteamericana ni saben de qué van las elecciones de medio término.
Puede salir a la calle y preguntarles a los cubanos de a pie que se encuentre quiénes se eligen en las elecciones de medio término, cuáles son las diferencias entre el voto popular y el del Colegio Electoral en las elecciones presidenciales o cuáles son las funciones del presidente y las del Congreso de los Estados Unidos, y lo más probable es que la mayoría le diga que no sabe.
Aunque muchos opositores al régimen consideran que los demócratas tradicionalmente, desde Kennedy hasta Obama, han sido débiles con el castrismo y en la actualidad se inclinan demasiado a la izquierda, pocos cubanos tienen clara la diferencia entre las políticas del Partido Republicano y las del Partido Demócrata.
Recordemos que, durante décadas, Fidel Castro, con su antiamericanismo proverbial y su aversión por el pluripartidismo y la democracia, repitió la letanía de que en Estados Unidos existe un solo partido: el partido del capitalismo.
Los mandamases de la continuidad posfidelista no solo repiten esa cantaleta, sino que se atreven a asegurar que esas elecciones de farsa que celebran en Cuba son las más democráticas del mundo.
En Cuba, la información que hay sobre el de por sí complejo sistema electoral norteamericano es la versión sesgada y conveniente a los intereses de la dictadura que dan el periódico Granma, el NTV, la Mesa Redonda y demás medios oficialistas.
Si acaso, los cubanos pueden informarse un poquito mejor sobre las elecciones norteamericanas a través de Telesur y Russia Today, pero también son informaciones manipuladas y tendenciosas.
También están las redes sociales, pero, además de la poca, mala y cara conexión, no aportan mucho al conocimiento de la política norteamericana, sino que tienden a confundir; y no es tanto por las ciberclarias, a las que muy pocos prestan atención, como por los irreconciliables apasionados de dos bandos que se acusan mutuamente de querer destrozar la institucionalidad y la democracia norteamericana y que no escatiman para sus adversarios los calificativos de «fascista» y «comunista».
Se escuchan muchos comentarios en la calle sobre lo que pudiera derivarse del resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos. Algunas opiniones son interesantes y dignas de tenerse en cuenta; otras son simplezas y tonterías, tales como que, si los demócratas ganan en el Congreso, será levantado el embargo y que, si, por el contrario, ganan los republicanos, Trump tendrá las manos libres e inmediatamente dará la orden de invadir Cuba.
Mientras tanto, los cubanos siguen haciendo sus cábalas. Después de tantos años sin poder decidir en unas elecciones de verdad el destino de su país, no es extraño que muchos busquen en las urnas ajenas la salida que no encuentran en casa.
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Publicación fuente ‘Cubanet’
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