Artishock: La mirada disidente de la artista cubano-vasca Juana Cima

Artium Museoa presenta Juana Cima. Una mirada disidente, primera exposición en dos décadas dedicada a la artista cubano-vasca Juana Fernández Cima (Caibarién, 1951). Comisariada por Garazi Ansa-Arbelaiz, la muestra abandona el recorrido cronológico para organizarse en cinco núcleos que abarcan sus principales motivos artísticos: Bilbao, la mitología vasca, la identidad insular, el budismo y la vida rural. Desde el activismo feminista de los setenta hasta una práctica cada vez más íntima tras su salida del circuito expositivo en 1997, la exposición reinstala una obra donde cuerpo, naturaleza y espiritualidad se entrelazan sin jerarquías.
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Artium Museoa presenta Juana Cima. Una mirada disidente, una exposición dedicada a recuperar la trayectoria de la artista cubano-vasca Juana Fernández Cima (Caibarién, Cuba, 1951), cuya obra se desarrolló desde finales de los años setenta en diálogo con la escena artística del País Vasco y con los debates urgentes que hoy distinguen buena parte del arte contemporáneo global, entre ellos, identidad, género, ecología y relación con los territorios.
Comisariada por la historiadora del arte Garazi Ansa-Arbelaiz, la muestra, más que establecer un recorrido cronológico o presentarse como retrospectiva, se pasea por los distintos ámbitos vitales, políticos y espirituales de Juana Cima, donde la creación y experiencia cotidiana son indistintas.
Nacida en Cuba y trasladada a España durante su infancia, Cima inició su formación artística en Oviedo antes de ingresar, en 1975, a la Escuela Superior de Bellas Artes de Bilbao. Desde entonces, esta ciudad se convirtió en un lugar fundamental de afirmación personal y política. Fue allí donde participó activamente en los movimientos feministas de la época, en colaboración con la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, y donde desarrolló una extensa trayectoria docente en la Universidad del País Vasco, primero en la Escuela de Magisterio y posteriormente en la Facultad de Bellas Artes de Leioa, hasta 2014.
Durante las décadas de 1970 y 1990, su obra alcanzó una importante visibilidad y fue incorporada a colecciones institucionales del País Vasco. Sin embargo, su alejamiento de los circuitos expositivos a partir de 1997 contribuyó a que su producción quedara progresivamente fuera de las narrativas dominantes de la historia del arte. Aunque nunca dejó de crear, Cima se retiró voluntariamente del circuito expositivo para concentrarse en una práctica más íntima y autónoma. La exposición de Artium busca precisamente interrogar ese silencio y restituir la relevancia de una obra notablemente independiente a nivel formal y conceptual.
La muestra se organiza en cinco núcleos —Bilbao. El primer territorio del deseo y la reivindicación; Territorios míticos y conciencia ecofeminista; La identidad insular y saberes mediterráneos; El camino espiritual a través de la India y el budismo; y El retiro en la montaña—, a través de los cuales recorre los desplazamientos geográficos e imaginarios que han dado forma a su universo creativo.
Uno de los aspectos centrales de su producción es la relación entre cuerpo, naturaleza y memoria. En obras como Amets egoera loak hartuta (1981), considerada una de las representaciones lésbicas más significativas realizadas en el contexto vasco de la época, Cima aborda el deseo y la intimidad desde una perspectiva alejada de las convenciones dominantes. Las dos figuras abrazadas no son una representación explícita de la sexualidad, sino una exploración afectiva y sensible de la relación entre los cuerpos.
A partir de los años ochenta, el interés de Cima por la mitología vasca y los espacios naturales dio lugar a pinturas donde figuras ancestrales y fuerzas telúricas se integran en composiciones de gran intensidad expresiva. En Sugoi, la criatura mítica asociada a la serpiente y a las fuerzas de la tierra, la imagen se disuelve en una superficie pictórica expansiva que alude a la naturaleza y el mito. Lo animal muta en una presencia cargada de potencia y fertilidad.

La dimensión espiritual es otro eje fundamental de su trayectoria. Sus viajes a India, su acercamiento al budismo y su interés por distintos saberes tradicionales ampliaron una investigación que ya estaba presente en su relación con la tierra y los imaginarios ancestrales vascos. Posteriormente, su establecimiento en un entorno rural junto a su pareja, la artista Clotilde Murillo, marcó una nueva etapa de creación más vinculada al retiro, la observación y la conexión con los ciclos naturales.
Con Juana Cima. Una mirada disidente, Artium recupera la trayectoria de una artista que nutrió su quehacer desde los márgenes de los relatos dominantes, pero que dialoga con preocupaciones plenamente contemporáneas. Su trabajo ilumina una ética de relación con el mundo —humano, animal y vegetal— donde arte, pensamiento y existencia forman parte de un mismo entramado en permanente transformación.
Figura clave en el desarrollo del activismo y la iconografía feministas en el País Vasco desde la década de 1970, la obra de Cima ha reflejado siempre su compromiso con la lucha por los derechos sociales y la construcción de nuevos imaginarios. Su archivo forma parte del Centro de Documentación del museo, junto a los de artistas como Gema Intxausti (Gernika-Lumo, 1966) y Esther Ferrer (San Sebastián, 1937).
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Publicación fuente ‘Artishock’





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