Jorge Moya: Entrevista a Clea Fernández de la Fundación Agustín Fernández en París

Artes visuales | Memoria | 10 de septiembre de 2026

La Fundación Agustín Fernández nace con la voluntad de preservar, estudiar y proyectar el legado de uno de los artistas más singulares de la modernidad cubana. Creada por la familia del artista, impulsa la investigación de su obra a través de exposiciones, publicaciones y colaboraciones con museos e instituciones, al tiempo que resguarda su archivo y el catálogo razonado, herramientas indispensables para comprender el alcance de una producción cuya complejidad continúa revelando nuevas lecturas.

La trayectoria de Agustín Fernández (1928–2006) ocupa un lugar excepcional dentro del arte latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX. Vinculado a la última generación de la vanguardia cubana, su obra escapa, sin embargo, a cualquier clasificación estable. Si bien dialoga con el surrealismo —particularmente a partir de su estancia en París y de su cercanía con algunos de sus protagonistas—, nunca se limita a prolongar ese imaginario. En Fernández, lo surreal deja de ser un repertorio de imágenes para convertirse en un método de pensamiento, una forma de explorar los límites entre el cuerpo y el objeto, entre el deseo y la violencia, entre la precisión formal y la incertidumbre de la experiencia.

Su pintura construye un universo de tensiones donde la sensualidad convive con la amenaza. Las formas, de una elaboración casi escultórica, parecen debatirse entre la organicidad y la arquitectura, entre la anatomía y la máquina. Las superficies metálicas, la precisión del dibujo y el equilibrio casi imposible de los elementos generan una extraña sensación de suspensión, como si cada imagen existiera en un estado de transformación permanente. No hay narración en estas obras; hay una lógica interna donde el erotismo, la fragilidad y el poder se manifiestan a través de asociaciones que rehúyen toda lectura unívoca.

La experiencia del exilio constituye un horizonte silencioso desde el cual puede leerse buena parte de su producción. Sin recurrir a la representación directa de la pérdida o la nostalgia, Fernández construyó un lenguaje donde el desplazamiento se convierte en condición de la forma. Sus imágenes no ilustran una biografía; elaboran un territorio mental en el que la identidad permanece siempre en proceso de recomposición. En ese sentido, su pintura comparte con la experiencia moderna del exilio una permanente negociación entre memoria y reinvención.

Radicado sucesivamente en París y Nueva York, Fernández absorbió las transformaciones culturales de ambas ciudades sin diluir la singularidad de su mirada. Los objetos cotidianos del paisaje urbano, los materiales industriales y la densidad física de la metrópoli fueron incorporándose a un vocabulario visual que nunca abandonó su vocación poética. Lo banal se convierte así en un signo ambiguo; lo familiar adquiere una presencia inquietante; la materia se transforma en metáfora.

La Fundación trabaja hoy para ampliar el conocimiento de esta trayectoria y favorecer una comprensión más amplia de su lugar en la historia del arte del siglo XX. Más allá de categorías nacionales o estilísticas, la obra de Fernández plantea interrogantes que permanecen vigentes: sobre el cuerpo y el deseo, la materia y la transformación, la identidad y el desplazamiento. Su lenguaje, construido con una precisión extraordinaria y una imaginación profundamente personal, continúa ofreciendo un territorio fértil para la investigación y el diálogo con el presente.

En 2028, al cumplirse cien años del nacimiento de Agustín Fernández, esta labor tendrá una proyección internacional. La Fundación desarrollará a lo largo de todo el año una serie de proyectos en galerías y museos de distintos países, reuniendo exposiciones y colaboraciones destinadas a ampliar la presencia de su obra y generar nuevos espacios de encuentro en torno a ella. Como parte de este programa se llevará a cabo también el lanzamiento del catálogo razonado digital del artista, concebido como una herramienta fundamental para documentar y estudiar la totalidad de su producción conocida. El proyecto permitirá consolidar un registro integral de su obra y, al mismo tiempo, establecer una plataforma abierta a futuras investigaciones y descubrimientos.

Más que una celebración retrospectiva, el centenario se plantea así como una oportunidad para proyectar el legado de Fernández hacia el futuro: activar nuevas investigaciones, propiciar otras formas de acercamiento a su obra y contribuir a que su singular universo visual ocupe un lugar cada vez más visible dentro de las narrativas del arte moderno y contemporáneo.