Jorge Moya: Rafael Domenech / La exposición como materia

Artes visuales | 25 de septiembre de 2026

La obra de Rafael Domenech comienza allí donde termina la certeza de la obra de arte. Sus instalaciones habitan el espacio intermedio entre escultura y arquitectura, imagen y texto, objeto y archivo, cuestionando la idea de que una obra deba existir como una forma autónoma y concluyente. Lo que importa, en cambio, es la red de relaciones que la rodea: cómo las cosas se producen, acumulan, exhiben, leen, desplazan y transforman.

En The Armory Show de Nueva York, Domenech presenta Folded Node (2026), una obra que concentra de manera particularmente precisa estas preocupaciones. Escultura, lugar de encuentro, libro expandido y estructura expositiva se vuelven indistinguibles. Sus elementos arquitectónicos están construidos a partir de paneles de base cortados mediante CNC, acumulados durante proyectos anteriores y conservando las huellas y marcas de su propia fabricación. Lo que normalmente podría entenderse como residuo se convierte en materia; aquello que pudo haber sido descartado regresa para formar parte de la obra presente.

Esta transformación de los restos es algo más que un gesto estético. El interés de Domenech se sitúa en aquello que permanece visible una vez que se ha eliminado la ilusión del objeto terminado. Los procesos de producción —la tecnología, la repetición, el trabajo, las decisiones, las revisiones— no quedan ocultos detrás de la obra, sino que se incorporan a ella. La materia conserva la memoria, y la fabricación se convierte en una forma de inscripción.

En Folded Node, collages, libros y materiales efímeros quedan contenidos dentro de una estructura arquitectónica que oscila continuamente entre obra y exposición. La estructura no se limita a contener las piezas; participa de su significado. Nos invita a considerar la exposición no como un escenario neutral, sino como un medio en sí mismo, capaz de determinar aquello que vemos, la manera en que lo encontramos y las relaciones que pueden establecerse.

Esta sensibilidad se extiende al interés de Domenech por las formas de publicación. Las operaciones propias del libro —cortar, plegar, editar, tachar, secuenciar, reproducir— se convierten en métodos de investigación artística. Un libro puede transformarse en escultura; una pintura puede asumir la lógica de una publicación; una imagen puede existir como fragmento dentro de una arquitectura mayor de circulación. La distinción entre original y reproducción, entre obra terminada y material de trabajo, se vuelve deliberadamente inestable.

Quizás por ello sus instalaciones se perciben menos como objetos que como constelaciones temporales. Su significado no reside en un elemento aislado, sino en la proximidad entre las cosas. La arquitectura se encuentra con la publicación; el archivo con el presente; un fragmento de un proyecto anterior adquiere otra vida. La obra se reescribe continuamente a través de su entorno.

Nacido en La Habana en 1989 y establecido en Nueva York, Domenech ha desarrollado una práctica marcada por el tránsito entre lugares, disciplinas y sistemas. Sin embargo, la dimensión caribeña de su obra no depende de la representación. Surge, más bien, de una condición subyacente de tránsito: desplazamiento, traducción, acumulación, intercambio. La geografía se convierte menos en un tema que en una forma de pensamiento.

Esta dimensión adquiere particular resonancia en The Armory Show, donde Folded Node forma parte de Passages and Thresholds, una sección curada por Jovanna Venegas. El programa aborda el Caribe a partir del movimiento, el agua, la memoria y la transformación material. La contribución de Domenech se incorpora a este territorio de manera oblicua, a través de una práctica en la que las fronteras mismas están sujetas al movimiento.

La feria de arte es, después de todo, una arquitectura de circulación. Las obras llegan desde otros lugares, encuentran nuevos públicos, ingresan en nuevos sistemas de valor y vuelven a partir. Frente a esta temporalidad acelerada, Folded Node introduce otro ritmo. Sus materiales recuerdan vidas anteriores. Sus libros e imágenes sugieren otros lugares y posibles destinos futuros. La instalación parece llevar consigo su propia historia.

Aquí aparece una tensión sutil: la feria presenta el arte como algo que puede desplazarse, intercambiarse y reubicarse, mientras Domenech convierte ese movimiento en parte de la propia obra. La exposición deja de ser simplemente el lugar donde la obra se encuentra. Se convierte en una de las condiciones de su existencia.

En Folded Node, nada termina de asentarse. La escultura se convierte en arquitectura; la arquitectura, en dispositivo expositivo; el libro, en espacio; los restos, en evidencia. La obra nos invita a mirar más allá del objeto, hacia las estructuras que lo producen y las historias que lo acompañan.

En The Armory Show, Domenech no se limita a ocupar el espacio expositivo. Lo convierte en parte de la propuesta: algo provisional, permeable y vivo. El resultado es una obra menos interesada en definir sus límites que en explorar hasta dónde pueden desplazarse.