Axel Li: Hombrecitos & Co.

Resulta demasiado emocionante saber que, por fin, Galería I-MEIL es “chiste” en forma de libro. De modo que este “rompecabezas” satírico de hace dos décadas ha quedado más visible en un diagrama que se hermana con aquellos ficheros de correos electrónicos que circulaban entonces con regularidad para retratarnos, como cubanos, desde el potente juicio conceptual de Lázaro Saavedra. Ficheros que, además, quiso y supo preservarlos; que facilitó el instinto para ser salvados y copiados por “su público”; que llegó a mostrar en el contexto de la galería artística.
Hay una tradición por los libros de arte, y Galería I-MEIL, como serie, entra en tal órbita bajo el principio de antología visual. El manifiesto de Saavedra de 2007 sobre sus “desatinos” digitales y una entrevista reciente a él a cargo de Janet Batet sirven de complemento: ¿o será a la inversa? El volumen se debe a un conjunto editorial que sigue iluminando zonas (des)conocidas del arte cubano gracias a la alianza entre Rialta Ediciones e inCUBAdora. Las artes visuales nuestras están bendecidas con libros como los de la colección FluXus, al cual pertenece Galería... Siguiendo una pauta sencilla, con una identidad gráfica nada desdeñable, con contenidos que pulsan ideas y testimonian saberes y sucesos, esa colección-serie no debiera faltar en nuestras bibliotecas. Pero, en esta vida no todo se puede tener y/o comprar. Pero, también existe otra posible verdad: quien no ame a los libros de artes visuales en particular, ¿para qué (y además) le puede significar el arte? O más sencillo, estemos donde estemos, ¿qué lugar ocupan tales libros en nuestras vidas independientemente de sus naturalezas físicas y en nuestros estantes (no) mentales?
Con los años hemos ido conociendo y entendiendo, paso a paso, las claves artísticas de Lázaro Saavedra como uno de nuestros importantes contemporáneos. Y además de sus exposiciones o sus charlas o sus diversos registros fotográficos o sus inteligentes textos, al menos las varias fuentes bibliográficas que lo(s) contemplan, y que conozco, tienen una vida propia (todavía con los años) y una huella de interés en espiral. Y en todo esto hay puntos afines. Dos son decisivos: la línea y el concepto. La primera como dibujo y/o texto escrito, lo segundo como el gran ADN de una imagen final. Lázaro Saavedra es un excelente comunicador satírico, desde la palabra escrita y lo visual, porque él en sí es un ser pensante… para el (y de) pueblo.

De mis clases universitarias tengo el recuerdo de teselas de las documentaciones visuales de su serie Búscate una beca que te mantenga (1996). Dramáticas, teatrales, juiciosamente satíricas. Polisémicas. Icónicas también para el entramado visual de lo cubano más allá, o acá, de la poesía. Tanto como la naturaleza de lo que iría aprendiendo sobre sus sencillas y lineales figuras de pueblo, como si de un personaje se tratara. “Personaje(s)” sin nombre al parecer, personaje que sería quizás, o en todo caso, el signo gráfico, a lo Saavedra: de síntesis compositiva de cuerpos con picardía y sapiencia en interacción con un presente de “ficción”. Sus “hombrecitos”, de acuerdo con algunas laderas de la crítica cubana, que pillamos de sabios y agudos, de dicharacheros y mal hablados, de indagadores y reflexivos, de contemplativos e integrantes de una sociedad ¿paralela? a la insular. Aunque de Lázaro Saavedra tenemos imágenes trascendentes en la memoria, como archivo y argumento, cuando levantamos las banderas de numerosas tendencias artísticas, en las cuales él está presente desde lo conceptual. Y desde sus “garabatos” satíricos: con unos pícaros de una Cuba en resistencia.
Esos “hombrecitos” siguen teniendo un peso en su lenguaje artístico y con la serie Galería I-MEIL lo fuimos viendo también durante unos años en tiempo real alguna que otra vez. Aunque ellos fueron tan solo una herramienta e instantes para las necesidades expresivas de Saavedra, porque esa serie (o proyecto) evidencia un natural desenvolvimiento con los medios digitales vía píxeles, en los cuales textos e imágenes, inclusive, tenían un sentido para el lenguaje de francotirador de Saavedra. Lo vemos, a modo de recapitulación, con la sección del libro “Galería I-MEIL (2006-2026)” a través de algunos ejemplos. Hay de todo. Y estos responden a una realidad de grisuras por etapas, aproximadamente entre 2006 y 2011 —necesariamente un poquito más allá— en la cual el correo electrónico, a lo @cubarte.cult.cu, era una plataforma para las “fábulas” de Saavedra. Y aunque la sección central del libro es sobre el período 2006-2026, podemos deducir un par de asuntos que nos chocan con criterios ya establecidos, por la vía del volumen Lázaro Saavedra / Colección Espiral / Arte Cubano Contemporáneo (Artecubano Ediciones, La Habana, 2015, 96 pp.), de que la serie Galería I-MEIL era de 2007 a 2011. Antes, hacia el 2011, Wendy Navarro en un texto monográfico sobre la serie para el catálogo de la exposición Altamente confidencial: Lázaro Saavedra en su isla (Galería Arte Actual, Ecuador, 2011) advierte dos cosas: que se trataba de un proyecto, “abierto en el año 2007” por el artista y este “se apropia de un medio más que idóneo y eficaz [como el correo electrónico] para la emisión de (…) respuestas casi inmediatas a los más azarosos eventos cotidianos”. En la lista de ese mismo catálogo leemos además, porque algo del conjunto estuvo en exhibición: “Galería I-MEIL, 2007 [sic] / Galería que por vía correo electrónico circula en el contexto cubano desde principios del 2007. Ordenador, impresos”. En tanto, Magaly Espinosa aporta(ba), en otro de los textos del mismo material, lo siguiente: “De Galería I-MEIL, poco se ha escrito, y solo vive en el campo neblinoso de la comunicación, circulando de manera intermitente desde el 2007 hasta el presente. Es (…) considerada la mejor obra del artista de los últimos años, junto a [su] labor realizada en el terreno de la video creación”.
La realidad tiene matices y, por supuesto, lo digital en Saavedra, pues tampoco él quedó en los límites de su saavedra@cubarte.cult.cu. Las redes sociales serían, y han sido, una opción de más soberanía artística y cívica para el ciudadano Saavedra: verbigracia, Facebook, Instagram. Entonces, tal vez, la serie conceptualmente siga siendo nominalmente Galería I-MEIL… en los perímetros de sus redes sociales. (¿Sigue existiendo a través del correo electrónico?). Una serie que cuestiona y testimonia, porque aunque digital y por la vía de “garabatos” o apuntes sarcásticos, también ella forma parte de su obra. No deja de ser el signo conceptual de un Saavedra, ahora ya más en tiempos de (sus) Instagram y Facebook. Si en abril de 2011 el director de Cubarte, desde una “institución digital” censuró al cliente Lázaro Saavedra González (La Habana, 1964), etcétera, etcétera, por una situación puntual —y que narra en la entrevista con Janet Batet—, qué otras (des)ventajas habrá experimentado como usuario de las redes sociales.

Con esa sección del libro percibimos que lo que hemos apreciado/leído en su Facebook, por ejemplo, sería al parecer de la estirpe de Galería I-MEIL. Y para el libro, esta abre en 2006 con tres piezas sobre tres situaciones eternas de la ínsula (y sus chistes): los baches de las calles, la vivienda, el transporte. Sobre tres imágenes reales ha dibujado ciudadanos en diálogo, una de las cuales pertenece al registro editorial de la instalación Acariciando mis calles (2006) para el libro Lázaro Saavedra / Colección Espiral / Arte Cubano Contemporáneo (2015). De modo tal que hemos de asumir un nuevo marco temporal para el proyecto que a la vez sigue siendo serie a nivel nominal. Incluso, para el DVD Conversando sobre arte contemporáneo. Lázaro Saavedra, resultado de una charla con Magaly Espinosa en la “Sala de proyecciones del Pabellón Cuba”, La Habana, 13 de octubre de 2013, en la ficha biográfica leemos, entre otras cosas, lo siguiente sobre Saavedra: “Es creador de Galería I-MEIL (2007), proyecto en curso que utiliza el correo electrónico como un medio para la creación artística”. Por otra parte, Janet Batet en el preámbulo de su conversación con Saavedra escribe: en “la arqueología de la red cubana, Galería I-MEIL ocupa un lugar fundacional. Concebida en 2006, cuando el acceso a Internet en la Isla era todavía un privilegio restringido y vigilado, la serie transformó el correo electrónico en un espacio expositivo alternativo de carácter crítico. A través de envíos periódicos, Saavedra convirtió la lista de contactos en una galería ambulante que circulaba entre intelectuales, funcionarios y curiosos (…)”.
Mucho ganamos de su entrevista o intercambio testimonial con Batet, “This site can’t be reached: Galería I-MEIL”. Podremos sacar numerosas conclusiones y entender sucesos. En el libro la “[c]onversación con Janet Batet”, enfatizada desde la cubierta, constituye un eslabón de sumo interés, a pesar de algunos verbos en pasado (por ambas partes) sobre la serie o de algunas posibles preguntas (no formuladas) que habrían dado ciertas pinceladas complementarias sobre y para la serie Galería I-MEIL. Hay que celebrar esta porción final entre dos contemporáneos, Janet y Lázaro (y viceversa), como signo de que el testimonio tiene igualmente un sentido para interpretar el arte desde su acera de enfrente, por la cual transitamos como espectadores. Sojuzgan las ideas en su totalidad. Apenas, unas mínimas, porque (nos) iluminan: “Mi primera dirección de correo electrónico legal llegó a principios de los 2000 a través de Cubarte. El ISA, por medio del Ministerio de Cultura, comenzó a ofrecer este servicio a sus profesores. Era una cuenta de correo sin acceso a la web limitada a 30 h al mes, una ventana con barrotes”; “Comencé a utilizar el correo electrónico como herramienta artística alrededor de 2005, cuando hice circular una serie de imágenes tomadas durante las inundaciones del litoral habanero tras el paso del huracán Wilma. En ese momento, el ejercicio de construir títulos para las imágenes adjuntas en los correos adquirió una importancia central: no se trataba solo de nombrar, sino de activar una lectura conceptual que dialogara con la imagen y con el contexto de circulación (…) Ese fue el instante decisivo. Al presionar ‘Enviar’, comprendí que no estaba enviando un simple archivo adjunto, sino una obra completa. La imagen, el texto del correo, el asunto del mensaje, la fecha y el lugar de envío desde La Habana funcionaban como un todo inseparable”; “El correo electrónico, en contraste, introducía una lógica digital radicalmente distinta. El vínculo con el público dejaba de ser lineal para convertirse en un rizoma de conexiones (…)”; “Cada dibujo, cada correo que fue enviado desde ‘cult.cu’, cada apunte en mi cuaderno es una ficha más de ese archivo alternativo. Un archivo que no se conserva en bóvedas climatizadas, sino que circula: en la memoria de quien lo mira (…)”; “(…) concibo Galería I-MEIL como un archivo de la Cuba de aquellos años (…) No es un archivo de hechos verificables ni una cronología de eventos, sino un archivo de atmósferas (…) ¿Y qué valor podría tener dentro de cincuenta años? Esa pregunta es, en el fondo, la que le da sentido al proyecto. Sospecho que su valor no residirá tanto en la información que contiene como en las texturas que conserva”; “Mi trabajo busca levantar un contraarchivo: un archivo hecho de fragmentos, de detalles, de instantes (…) un mosaico de verdades mínimas y cotidianas. La verdad de un apagón. La de una despedida en el aeropuerto. La de una risa que estalla en medio de la escasez”.
Esa parte última del volumen en las manos de Saavedra, en particular, es igual de cardinal, porque en él como ciudadano pensante, la expresión escrita tiene potencia. Y vuelo celestial.
Si en 2007 había redactado un “manifiesto” en y con intención satírica, pero con puntadas como susurros, suspiros y sofismas, a lo Saavedra, de eso nos refrescamos o enteramos —quizás por primera vez— en las primeras páginas de este hermoso libro. Empieza con el largo texto “Manifiesto-versión 1.0a de la Galería I-MEIL. Manifiesto chocho póstumo”, a base de 64 puntos. Es digno para las interpretaciones, relecturas, y para ser citado, cual relicario satírico para los sentidos inimaginables de ideas y argumentos que pudiéramos realizar. Son demasiado buenos. Sucede que Lázaro Saavedra sabe escribir bien, sabe pensar en clave textual y visual de francotirador y muy lejos del típico soporte popular del humor. Sabe (re)pensar su época y sus instantes más quebrados. Sabe ya, hace rato, que con sus sofismas y crónicas texticulares nos ubica intelectualmente en la historia de los hombres sin historia: la masa-pueblo del discurso político pre y post años 90 de una isla situada en el borde de la persistencia…
En 2008 se lucía Saavedra como escribano crítico para el texto del catálogo de críticos de arte que tomaron por asalto artísticamente una galería, a través de la ingeniosa muestra colectiva preparada por Píter Ortega: La revancha (Galería Servando, La Habana, 21 de marzo-5 de abril de 2008). Tres años después, hoy viendo en retrospectiva y desde la sección “Galería I-MEIL (2006-2026)”, verificamos que en 2011 escribió demasiado y con ingenio Lázaro Saavedra. Erizan mensajes de ese año como Entrevista a Rosa, Expulsión de la [U]niversidad, Los efectos del efecto y los nuevos lineamientos, Mi papá es un viejo comemierda, Desde el psiquiátrico VIII (b) y otros más. Lo que parece ser evidencia facsimilar de algunos de aquellos lejanos mensajes electrónicos, algo así aporta elementos para la necesaria (re)interpretación. Y “adorna” el sentido documental y antológico del presente libro-archivo.

El libro tiene una sutil particularidad en la página [5], a modo de dedicatoria: “Agradezco a la Dra. Magaly Espinosa su temprana y sostenida lectura crítica de Galería I-MEIL. Supo leerla como archivo cuando era flujo”.
Con pasión gozosa comprara este volumen, Galería I-MEIL, al igual que otros meridianos materiales de Rialta Ediciones con un gran sentido para la cultura cubana. Para entender e interpretar al analista Lázaro Saavedra hay que tenerlo y examinarlo con esmerada frecuencia. La existencia de Galería I-MEIL completa y complementa su galaxia discursiva, en la cual iluminan (y matan) pistas bibliográficas anteriores, de todo tipo, sobre su accionar artístico.
Este libro nuevo debe repasarse junto a dos materiales con sólidas raíces en los años 80: la carpeta-libro o libro objeto OJOVIDEO CORPORATION (Ediciones Ouroboros, Taller de Serigrafía René Portocarrero, La Habana, 1995) y el catálogo-libro Lázaro Saavedra. Añejo 27 (Collage Ediciones, Fondo Cubano de Bienes Culturales, La Habana, 2015). En ellos tres están sus “hombrecitos”, su desenfado por escribir con ligereza penetrante. En ellos tenemos constancia de una obra y, al decir de María de los Ángeles Pereira en ese segundo material, la suya “tiende a provocar deliciosos efectos y, a la vez, riesgosas reacciones en cadena: despabila la lengua, aclara la garganta, aviva el corazón y desata el pensamiento”. Sencillamente, en ellos línea y concepto laten.
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[*] Lázaro Saavedra, Galería I-MEIL. Conversación con Janet Batet. Colección FluXus, Rialta Ediciones, Santiago de Querétaro, 2026, 172 pp.
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