Rafael Grillo: Compartiendo pequeñas ideas malévolas con Ena Lucía Portela

Autores | 14 de abril de 2026
©Portada del libro de Ena Lucía Portela en Siruela

La mujer que amaba a los gatos*

Si tuviera mascotas, Ena Lucía Portela habría elegido un perro. “Uno como Buck, el de la novela de Jack London”, me dice. Ese de la novela La llamada de la selva es un perrazo bonachón, cruce de San Bernardo y Collie escocés.

“O quizás un mastín”, agrega ella y yo imagino de dónde le viene esa otra preferencia, también literaria. Contrario al anterior, este aparece como un can fantasmal y diabólico, de raza mezclada entre la que mienta la escritora y la que dio título a El sabueso de los Baskerville, uno de los casos más famosos escritos por Arthur Conan Doyle para su detective Sherlock Holmes.

Una que sí prefería a los gatos es Patricia Highsmith. Y la autora texana de novelas negrísimas ―dicho así por su género literario y además el espíritu harto maléfico de sus historias— es, curiosamente, una de las favoritas de la habanera Portela. Tanto le gusta que incluso le dedicó el ensayo “La mujer que amaba a los gatos”.

Ese texto, que el año pasado se lo pedí para añadirlo a Azúcar negra, la antología de cuentos criminales cubanos que me publicó Nitro Press en México, ahora lo veo de vuelta dentro de Una pequeña idea malévola. Ensayitos sobre narrativa criminal, volumen de la completa autoría de Ena Lucía Portela recién sacado a la luz por la española Ediciones Siruela.

Ese libro es de una novedad absoluta. Y puede hasta constituir una sorpresa mayúscula para quienes han sido lectores acérrimos de la nacida en 1972, cuya inclusión en la antología Los últimos serán los primeros (1993), con el relato “La urna y el nombre, un cuento jovial”, sería apenas su carta de presentación como jovencísima integrante de una generación denominada “Los Novísimos”, y de la cual ella terminaría siendo estandarte, por el sólido éxito de público y crítica alcanzado con su obra posterior.

Lo primero, o sea la novedad, es porque desde 2017 en que salió la recopilación de textos de no ficción Con hambre y sin dinero, su firma no había regresado a los anaqueles de la librería.

Mientras lo segundo, el asombro, podría darse entre aquellos que la conocen a través de muy reputadas novelas como El pájaro: pincel y tinta china o Djuna y Daniel, y no imaginan a la licenciada en Lenguas y Literaturas Clásicas, por muchos años editora en el sello Ediciones Unión, degustando con apetito canino esas novelitas infravaloradas, de las llamadas policiales o negras; e ignoran su saber de archivo sobre cruentos asesinos y astutos ladrones y sus rivales: los detectives, de cualquier linaje, procedencia geográfica y creador literario.

Acerca de este libro del regreso y sus motivaciones, del alcance de sus conocimientos sobre literatura criminal y del misterio de su desaparición de la arena pública, sostuvimos el diálogo que desgloso a continuación.

¿Por qué escribo sobre Sherlock Holmes?

—Oye, no exageremos. No hay ningún «regreso» de Ena Lucía Portela. Simplemente un nuevo libro —replica la nativa del Vedado.

Ella se lo toma a la ligera pero reparen en estos datos. Durante la Feria del Libro de Bogotá de 2007 fue escogida entre los 39 escritores menores de 39 años más significativos de América Latina. Y no era para menos: con su primera novela, El pájaro: pincel y tinta china, había ganado el concurso Cirilo Villaverde de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1997; y ese propio año recibió el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional por el relato El viejo, el asesino y yo.

Después sacó el libro de cuentos Una extraña entre las piedras (1999) y una segunda novela, La sombra del caminante (2001), ambos en editoriales cubanas. Más, al año siguiente, consiguió la consagración internacional cuando Cien botellas en una pared obtuvo el Premio Jaén en España. Traducida por Éditions du Seuil, esta tercera novela suya se alzó con el Dos Océanos–Grinzane Cavour, premio que concede la crítica gala a la mejor novela latinoamericana publicada en Francia.

Su siguiente manifestación fue con los cuentos de Alguna enfermedad muy grave (España, 2006). Luego vino el hito de Bogota 39, que ella ratificó con la salida de la ambiciosa y deslumbrante Djuna y Daniel, novela merecedora en 2008 del Premio de la Crítica otorgado a los mejores libros del año en Cuba.

Entonces, aconteció un primer silencio largo, hasta la publicación en Ediciones Unión del ya mentado libro de ensayos, nueve años después. Ahora, otra vez casi una década ha transcurrido para que nos reencontremos con una muestra del talento tan celebrado dentro de su generación.

Pero sobre este tema no cabe insistir de momento y mejor es pasar a la siguiente interrogante: ¿Por qué aparecerse con unos “ensayitos sobre narrativa criminal”?

—La afición por la narrativa criminal la tengo desde chiquita. Siempre he sido una voraz consumidora del género negro. No me considero experta en el tema, pero tal vez no me falte discernimiento al respecto. En todo caso, me encanta esa literatura tan popular —argumenta la Portela.

Para los lectores de sus novelas anteriores, acaso desconcertados, ¿tendrá la escritora alguna pista qué darles sobre la conexión entre su obra narrativa previa y esa literatura noir que degusta y analiza en Una pequeña idea malévola?

Un poco zafando el cuerpo a la pregunta, ella contesta:

―Me imagino que deben de existir esos vínculos con mi propia ficción. Creo recordar que Linda Roth, coprotagonista de Cien botellas en una pared, era autora de thrillers. Pero, igual, esa clase de análisis me da pereza. Prefiero dejársela a los críticos, académicos, etc.

Y lo cierto es que la Academia sí ha estado rastreando en esa dirección. Como botón de muestra propongo el ensayo “El linchamiento, el teléfono móvil y la gran ciudad: dos ficciones negras de Ena Lucía Portela”, de Anke Birkenmaier, catedrática en Indiana University.

Detectives oscuros: An Introduction

Para quienes han seguido el rastro de Ena Lucía Portela con mayor rigor y más allá de los libros publicados, sí que no causa extrañeza el volumen de Ediciones Siruela, pues algunas piezas aglutinadas ahí vieron antes la luz en revistas independientes como Hypermedia Magazine y El Estornudo.

―Pero no están igual. Hice versiones ampliadas y mejoradas a la hora de conformar el libro ―aclara ella.

La nómina que enfoca la autora a través de sus distintos ensayos está compuesta, esencialmente, por los ya mencionados: Conan Doyle y Highsmith, y otros clásicos del noir como G. K. Chesterton, Georges Simenon, Agatha Christie, Friedrich Dürrenmatt, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Lawrence Block… Un paseo universal donde, sin embargo, es llamativa la falta de figuras de último cuño; y el escaso fanatismo con lo nacional, pues no reserva espacio para los escritores de este género literario en Cuba.

¿Cómo responde Ena Lucía Portela a tales incógnitas? “Bueno, en este librito, que no tiene pretensiones enciclopédicas, solo me ocupo de escritores mundialmente famosos. El único cubano en la nómina es Padura, pero no como autor de ficción noir, sino más bien como alguien que dispone de amplia información relativa a ese género y que también ha reflexionado en torno al asunto. A través de Padura yo descubrí, hace pila de años, a Block. Y eso se agradece”.

En lo concerniente a la exclusión de los más contemporáneos, explica: “Viviendo acá en Cuba es muy difícil estar al día, tú sabes. Mi último deslumbramiento fue con Iain Pears. Según mi criterio, La cuarta verdad es una novela extraordinaria más allá de las etiquetas de género. La encuentro igual de fascinante que El nombre de la rosa. Vaya, lo que se dice quality lit.

Por la salvación de mi alma

Que a Ena Lucía Portela le guste tanto un perro bueno como el perro malo, da qué pensar. ¿Y a qué viene ese título de Una pequeña idea malévola?

―Así se nombra uno de los ensayos, donde se explica el propósito de reunir esos articulejos —esclarece ella—. La pequeña idea malévola es, precisamente, armar ese libro.

A seguidas, toca ya preguntarle a la literata capitalina sobre sus expectativas con respecto a este “regreso” al mundo editorial y…

―¡Y dale con lo del regreso! Mira, corazón, yo solo busco, igual que antaño, erizar y divertir a los lectores, tanto a mis cuatro gatos leales de toda la vida como a todos aquellos otros que deseen sumarse —impugna la Portela—. Hoy en día eso resulta más difícil que en los tiempos de mi alegre juventud, ya que las circunstancias en general se han vuelto ferozmente adversas. Con todo, yo insisto. Es la única forma de sentirme viva.

El don inapreciable de saber guardar silencio

Sucede que Ena Lucía Portela no sólo fue considerada en una época la pluma más brillante, sino que ahora mismo es una suerte de “el misterio mejor guardado”. Y por más de una razón…

En principio, por su competencia con George R. R. Martín. ¡No es broma! El escritor estadounidense es casi tan famoso por las novelas de Canción de fuego y hielo, que tuvieron una popular adaptación televisiva nombrada Juego de tronos, como por la quincena de años que lleva prometiendo a sus cuantiosos seguidores darle continuidad y cierre a esa saga inconclusa. Y similar cantidad de tiempo hace que corren rumores sobre una novela, precisamente de temática noir, en la que estaría enfrascada la autora cubana.

Ella se ríe de esta analogía y enseguida cuenta: “Sobre mi neverending work in progress, que en efecto es una novela negrísima, un psycho-thriller ambientado en La Habana a inicios de este siglo, hablo en el nuevo libro. A los interesados en ese oscuro chisme y también, dicho sea de paso, a los interesados en el aún más oscuro chisme de mi salud machucada y destartalada, los remito a Una pequeña idea malévola. Allí está todo. O casi todo.

La misma escritora da ahí un adelanto sobre el otro enigma que la circunda… Algo no verdaderamente escondido, pues en “Alas rotas”, texto recogido en su anterior Con hambre y sin dinero, ya se sinceraba sobre su padecimiento del Mal de Parkinson y con un tono alejado de la queja y del “pobrecita Ena”.

Pero en estos tiempos de hoy en que nadie se atreve a mantenerse fuera de las redes sociales y en donde todo se ventila, la invisibilidad de la autora de La sombra del caminante se hace notar. Y hasta ahora que, discretamente, ha corrido la noticia de su nuevo libro, su nombre no había salido mucho a relucir en el bullanguero solar de Facebook desde marzo de 2023…

Por entonces, a través de perfiles de amigos porque no se ha hecho siquiera uno propio, ella clamó por la necesidad de trihexifenidilo. Ahí volvió a declarar días después, en agradecimiento por la “descomunal avalancha solidaria” que le permitió obtener el fármaco imprescindible para su tratamiento.

Descrita en una entrevista como “La más ermitaña de las escritoras cubanas”, sí es muy reservada en realidad para atender visitas físicas; pero a cambio disfruta conversar copiosamente por teléfono o WhatsApp con personas allegadas.

Por esa vía, me proporciona ella este resumen de su vida actual: “Mi día a día, tan problemático y febril como el de la gran mayoría de los habitantes de nuestra desventurada isla, ya no es un día a día, sino más bien un minuto a minuto. Mucho agobio, mucha pasadera de trabajo, muchos amigos que parten al exilio, mucha incertidumbre. Sobre eso, lo que en Cuba denominamos ʽla cosaʼ, también me explayo en el nuevo libro. Porque leo, pienso y escribo no desde algún aristocrático limbo, sino desde aquí, donde «la cosa está que horripila y mete miedo de verdá».

Juguetona no sólo en el lenguaje de sus novelas sino también en su habla cotidiana, Ena Lucía Portela me regala esta fórmula para la conclusión:

—¿De veras me he convertido en un misterio? ¡Qué maravilla! Dejémoslo así, pues.

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[*] Todos los epígrafes aluden al título de ensayos incluidos dentro del libro Una pequeña idea malévola. / Publicación fuente ‘IPS’