Periodista en Cuba: ¿Y si en Cuba, como en Venezuela, algo cambia, pero la dictadura permanece?

DD.HH. | Sin categoría | 30 de septiembre de 2026
©Che Guevara, Saddam Hussein, Hugo Chavez, Fidel Castro y Muammar al Gaddafi en un mural en Venezuela / Reddit

A más de ocho meses de la captura de Nicolás Maduro, el aparato represivo del chavismo (una réplica exacta del exportado por el castrismo a cambio de petróleo), permanece intacto. Así lo ha reconocido la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU sobre Venezuela, que además habla en su más reciente reporte de “cambios políticos” y “mejoras limitadas” en la situación  de los derechos humanos, posteriores a la llegada de Delcy Rodríguez al poder.

Son muchas las contradicciones que encerraría ese reporte, al hablar de cambios políticos cuando lo sucedido en menos de un año apunta a un evidente reacomodo del chavismo, ahora bajo la tutela de la Casa Blanca y el plus de haber sido considerado la única fuerza política capaz de conducir la situación lo más alejada del caos. Aunque esa “estabilidad” se base precisamente en el mantenimiento intacto del aparato represivo, de lo cual es muy consciente Washington.

La pregunta que probablemente se hizo la inteligencia estadounidense cuando planeó la captura del presidente venezolano tuvo que ver con ese detalle de evitar el caos político a toda costa, y la respuesta —aun está por ver si acertada o no— fue la conservación de las fuerzas represivas del chavismo, previendo que en otra situación menos favorable, más radical, pudieran derivar en una fuerza militar de guerra irregular. Cuyo propósito sería mantener el país en la ingobernabilidad, e incluso la reorganización de sus componentes en grupos terroristas dirigidos desde La Habana bajo los mismos conceptos extremistas de las fuerzas represivas del castrismo.

Solo así logro entender la tolerancia excesiva con un aparato militar forjado y entrenado en las academias de la Isla, y además emplazados por estas en una Venezuela convertida en terreno de experimentos para las propias fuerzas cubanas. Lo que debería ser suficiente para  calificarlas como grupo terrorista, o al menos como “proto-terrorista”, en tanto sus practicas y planes de conservación del poder, tanto en Cuba como en Venezuela, tienen el mismo basamento: el terror.  

Habiéndose evitado que el chavismo continuara transformándose en madurismo, con todo el peligro que representaban los nexos con el narcotráfico en el área y el terrorismo internacional, es indispensable ahora encontrar una solución al asunto de un aparato represivo que tiene todas las potencialidades para, una vez sentadas las bases para la democracia en Venezuela, transformarse y fragmentarse en grupos terroristas y núcleos de presión usados por el castrismo para caotizar el escenario político posterior al chavismo, incluso al propio chavismo si este mutara en una organización política que no fuese de su agrado.

Así como abiertamente La Habana anuncia un “baño de sangre” como resultado de su plan de “guerra de todo el pueblo” (que en realidad significa movilizar las fuerzas armadas junto con los demás cuerpos represivos, con el objetivo de aplastar cualquier foco de rebelión interno por pequeño y autónomo que fuese), igual no dudarían en ordenar algo similar a unas fuerzas represivas venezolanas. Unas fuerzas sobre las que todavía pudieran tener cierta influencia, teniendo en cuenta el peso que ha tenido el castrismo en la formación ideológica de sus principales jefes.

Además del peligro que representa este asunto del mantenimiento de las fuerzas represivas del chavismo para la restauración de la democracia en Venezuela, es importante tener en cuenta que, basado en la persistencia del Gobierno de los Estados Unidos de encaminar un diálogo con la dictadura que, aunque no contempla por ahora para Miguel Díaz-Canel un escenario similar al de la captura de Nicolás Maduro,  evidentemente estaría previendo una situación muy similar con respecto al aparato represivo del régimen cuando insiste en dialogar y negociar con determinadas figuras del castrismo, a pesar de que estas llevan absolutamente todas las riendas de la represión y, por ende, cargan sobre sus hombros la responsabilidad por tantos presos políticos, por los abusos y crímenes cometidos.

Me gustaría pensar que sucederá algo inesperado con Venezuela que borrará de una vez y para siempre el daño causado y sembrado por el chavismo precisamente bajo el mal ejemplo del castrismo. Sin embargo, luego del informe de la ONU y escuchando lo que se ha dicho de las conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, me surgen muchas dudas sobre el futuro de Venezuela y, sobre todo, del de Cuba.

Si el aparato represivo permaneciera intacto luego de la caída de una cabeza que no lo controla, así como está sucediendo en Venezuela, entonces el tránsito a la democracia en ambos países será puro teatro, otro artilugio, y la “libertad” conquistada será tan disparatada como la utopía de Miguel Díaz-Canel. Una democratización verdadera pasa obligatoriamente por el final definitivo de la represión. 

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Publicación fuente ‘Cubanet’