Daniel Céspedes Góngora: El trasluz anunciador. A 40 años de ‘Hablar de la poesía’

Autores | 5 de octubre de 2026
©Portada de la primera edición de ‘Hablar de la poesía’

Si bien Fina García Marruz se había dado a conocer como ensayista en la revista Orígenes con textos como «Lo exterior en la poesía» o «Nota para un libro sobre Cervantes»…, es con libros como Poesías de Juana Borrero, Bécquer o la leve bruma y, sobre todo Hablar de la poesía (1986) —su primer muestrario en prosa de mayor importancia— donde despliega su riqueza temática, estilística y su indiscutible sapiencia. Tal vez fue la primera vez que, amén de la atención a su poesía, los lectores advertían que se trataba de una ensayista muy estimable.

Con Hablar de la poesía, García Marruz dialoga no solo desde (o sobre) ella misma, sino a partir de los demás. Muchos años habían pasado ya de la publicación de Poemas y de sus primeros ensayos. Exploró diversas voces. Sabía escuchar otras músicas. En el propio ensayo homónimo («Hablar de la poesía»), publicado en marzo de 1970 en la revista Unión, se refiere a Cristo, Chaplin, Cocteau, Brull, Wilde, Keats, Martí, al propio Cintio Vitier…

Declaración de principios, reconocimiento de su poética y asociación cultural ocurrente. Pero con agudeza plena y subjetividad atractiva cual reencuentro. Como tiene que ser en las sensibilidades expuestas y extremadamente creativas. De este modo, la ocurrencia no puede ser caprichosa[1]. En principio, se suele citar por los investigadores de la autora de Visitaciones el primer párrafo del texto consabido:

«Lo primero fue descubrir una oquedad: algo faltaba, sencillamente. Pero, de pronto, todo podía dar un giro, y las cosas, sin abandonar su sitio, empezaban ya a estar en otro. La poesía no estaba para mí en lo nuevo desconocido sino en una dimensión nueva de lo conocido, o acaso, en una dimensión desconocida de lo evidente. Entonces trataba de reconstruir, a partir de aquella oquedad, el trasluz entrevisto, anunciador[2]».

Mas esta compilación de ensayos dividida en cuatro acápites sin titular, presenta peculiaridades y desviaciones en favor de la confirmación de una unidad. «A veces un libro no se compone a partir de una idea primigenia, sino retrospectivamente, cuando las partes empiezan a reconocer entre ellas una forma común», confiesa Pablo de Cuba Soria. Y esto sucede con Hablar de la poesía. La unidad ahora, asegura García Marruz, está en la poesía, empezando con «Bécquer o la leve bruma», pasando por autores estudiados de la colonia cubana hasta considerar a contemporáneos suyos como en la remembranza crítica que titula «Escardó» o en «Estación de gloria», en que después de un exordio —prescindible acaso para algunos lectores— relata sobre Lezama Lima, como le hubiera gustado a ella que contase Martí de Sor Juana Inés de la Cruz en La Edad de Oro. Se refiere además a diferencias que los distanciaron un tiempo —a ella y a Vitier— de Lezama. Y de muchos párrafos de la imagen del amigo, se encuentra uno que tal vez los censores pasaron por alto en 1986[3]. Testimonia desde lo personal:

«Hablo de un tiempo, que hoy cuesta trabajo evocar exactamente, en que el acorralamiento en que lo tenían tomaba las formas de la persecución o de la indiferencia. Se fue haciendo en torno suyo una leyenda de hurañez, de respuestas lívidas y centelleantes, dichas con esa súbita brusquedad o audacia de los muy temidos o los muy solitarios. Su natural superioridad irritaba a muchos[4]».

No es la primera ni única vez que la escritora se apoya en la narración/exposición intermitente para retratar al personaje y su obra. Sobre ello se refiere Aguirre Abella en la tesis mencionada. Asimismo, el cubano Derbys H. Domínguez Fragela reconoce que, en efecto, una de las características principales de la ensayística de García Marruz es

«[…] su narratividad, su necesidad de contar, en función del pensamiento filosófico o religioso, especulativo. Sus ensayos son historias, cuentos inconclusos, narraciones inacabadas que se desvían o cambian la finalidad de contar por la urgencia de pensar y suspender las ideas en el espacio. Cuentos o fábulas truncas, cortadas por la fuerza del pensamiento y la reflexión. Cuentan con la belleza inconclusa del hacer y son incompletas, inacabadas, la mitad del ser de quien las anima[5]».

Es una constante estilística muy consciente que ya, desde el ensayo acerca de Bécquer, con esa descripción que parece solo destinada al español («Antes que mostrar una presencia, nos adentra en una atmósfera») y es, en rigor, para todos los personajes que están en el libro, inclusive para su escritura de vida, decida contarnos algo como al inicio de «Hablar de la poesía»: «Lo primero fue descubrir una oquedad: algo faltaba, sencillamente». Recordemos cómo es también el comienzo de «Ese breve domingo de la forma», donde pronto califica libros sin necesidad de nombrar a Eliseo Diego. Es bastante similar a cuanto hace en su texto «Marilyn Monroe». Sucede que Bus Stop es como pretexto cinematográfico para recomponer el perfil casi total de la actriz. Pues como escribe sobre Diego: «Toda forma existe por cortesía, ya que la forma, en cuanto es una auto-limitación, está al servicio del ser de las otras, implica un sacrificio, esto es, un acto de amor»[6].

Y aunque se refiera a otras figuras polémicas, son Cristo, Martí, Cervantes y su Quijote —¡Chaplin no podía faltar!— los personajes que más entran y salen de este libro. Y uno, rebasando ya los cuarenta años, se lo agradece. Los más jóvenes, desprejuiciados,lo leerán de otra manera y con horizontes bien diferentes de expectativas. Importa la sensatez para una mejor valoración, para discernir cómo una autora de su estirpe podía hablar sobre el Che y el retorno del hijo pródigo. Mas, ¿cómo puede escribirse Viaje a Nicaragua y luego un cuaderno tan superior y distinto como Los Rembrandt del Ermitage? No siempre se trata de versatilidad. Pudo haber hasta coqueteos ideológicos suspicaces. En fin… Hablar de la poesía ha sabido envejecer y es aún esencial para reencontrarse con una de las grandes ensayistas de la lengua española. Volver a sus páginas es como asistir de nuevo a una sala de cine y sentarse a ver un clásico.

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Notas

[1] En su tesis doctoral Fina García Marruz: La luz del logos. Apuntes para una poética de su obra ensayística, su autora Zulema Aguirre Abella argumenta:

«Resulta paradójico que la actitud asumida por la escritora de no dejarse llevar más allá de los propios criterios al juzgar obras diversas, al no “salir de sí”, se le atribuya la objetividad más plena. En Fina García Marruz la objetividad se alcanza por una participación personal, lo cual resulta más consecuente de lo que parece y quizás la única manera de superar el “capricho” que anida siempre en lo interpretativo. Su peligrosidad está conjurada, en el caso en la ensayista cubana, por un sentido del equilibrio que le permite situarse indistintamente en las posturas más diversas, y por un incondicionado desinterés (Universidad de Granada, 2015, p.175, http://hdl.handle.net/10481/47492)».

[2] Fina García Marruz: Hablar de la poesía, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, p.433.

[3] Es un texto escrito en 1970.

[4] Hablar de la poesía, ob.cit., p.392.

[5] Derbys H. Domínguez Fragela: «Fina García Marruz: su palabra viva», revista Matanzas, No 1-2 Año XXIV, enero-agosto, 2023, p.28.

[6]  Hablar de la poesía, ob.cit., p.398.